2009 · 01 · 14 • Salwa El Tibi, Diario El Mundo - España

Habla la empleada de una ONG: 'Cada minuto cae una bomba'

Ayer fue la primera vez en nueve días que pude salir de casa. Sólo se tardan diez en minutos en llegar desde mi casa hasta el almacén donde Save the Children guarda los paquetes de comida. Pero, aunque conducía un coche de la ONG para llegar al trabajo, pasé mucho miedo. El ruido de las bombas era ensordecedor. Había muy pocos coches en la carretera y todas las tiendas estaban cerradas. Ví tres edificios que había sido completamente destruidos. En el almacén esperé a que llegaran nuestros voluntarios para distribuir los alimentos en las diferentes zonas de la franja de Gaza. Cuando realizamos distribuciones trabajamos en grupo, porque es muy peligroso.

Ayer fue la primera vez en nueve días que pude salir de casa. Sólo se tardan diez en minutos en llegar desde mi casa hasta el almacén donde Save the Children guarda los paquetes de comida. Pero, aunque conducía un coche de la ONG para llegar al trabajo, pasé mucho miedo. El ruido de las bombas era ensordecedor. Había muy pocos coches en la carretera y todas las tiendas estaban cerradas. Ví tres edificios que había sido completamente destruidos.

En el almacén esperé a que llegaran nuestros voluntarios para distribuir los alimentos en las diferentes zonas de la franja de Gaza. Cuando realizamos distribuciones trabajamos en grupo, porque es muy peligroso. Los voluntarios llenaron sus coches con los paquetes y se dirigieron a distintos puntos de la ciudad de Gaza y también al norte de la franja. Uno de ellos, Eyad, estaba distribuyendo paquetes en el campo de refugiados de la playa, cuando explotó una bomba enorme. Está vivo de casualidad. Es muy duro, pero tenermos que seguir trabajando. Es un gran logro poder alcanzar estas áreas y distribuir ayuda humanitaria.

Lugares inaccesibles

Priorizamos la distribución de paquetes de comida a familias que tienen muchos niños, hogares con cinco o más, aunque nos gustaría poder repartir ayuda entre muchas más. Algunas tienen gran necesidad de ella. Este lunes, Eyad distribuyó 184 paquetes de alimentos en Gaza. La mitad de todos los hay en el almacén ya se han entregado. La otra mitad irá hacia el sur de Gaza, pero hay algunos lugares a los que es imposible acceder, debido a la actual situación.

Estamos muy ocupados intentando determinar las necesidades de algunos hospitales. Un doctor nos ha dicho que necesitan urgentemente mantas, gasas y batas para los médicos. Tenemos suerte porque cuando hemos llamado a los proveedores de productos sanitarios hemos conseguido localizar algunos de estos productos. En estos momentos estamos evaluando nuestro presupuesto y este miércoles empezaremos a llevar suministros al hospital Kamal Edwan y a otras clínicas.

Cada mañana evaluo cómo está la situación para ver si puedo salir a la calle. Hoy, por ejemplo, no he podido salir. Estoy trabajando desde casa. Ramsey, mi compañero, vive muy cerca de la oficina y del almacén y está trabajando conmigo para conseguir que los sumnistros lleguen donde se necesitan. No sé si mañana podré salir, pero sí sé que a las 11.00 horas Ramsey llevará los productos a los hospitales, sea cual sea la situación de seguridad.

Miedo y frío

Parece que ha ocurrido un terremoto. Cada minuto se escucha una bomba. Tengo cinco mantas sobre las piernas porque hace muchísimo frío. Todos mis hijos duermen con cinco mantas.

Soy una mujer fuerte. Si veo a una persona morir, me armo de valor. Paro y la ayudo, pero en esta situación siento que no puedo hacer nada. El lunes, mientras conducía el coche, me sentí muy insegura. Pensé, ¿cómo van a saber que una mujer conduce el coche? Incluso si llevo el símbolo de Save the Children, las bombas no pueden saber que trabajo en una ONG. Es igual en toda la franja de Gaza. No te sientes seguro en ningún sitio.

Salwa El Tibi, Diario El Mundo - España