2010 · 10 · 24 • Erika Jara, Deia

La Segunda Intifada, 10 años después

Los palestinos recuerdan estos días el comienzo de la Segunda Intifada, pues este mes de octubre se cumplen 10 años desde su estallido. El conflicto, también llamado Intifada de Al Aqsa, duró cerca de cinco años, desde 2000 hasta 2005, y se cobró la vida de alrededor de 5.500 palestinos, más de 1.100 israelíes y 64 extranjeros.

Los ánimos de la parte palestina se encendieron tras el incumplimiento de los Tratados de Oslo por parte de Israel, quien duplicó la población de colonos en cinco años cuando se había comprometido a frenar la construcción de asentamientos. La cumbre de Camp David, apadrinada por Bill Clinton en julio de 2000, fue la decepción definitiva. El primer ministro israelí Ehud Barak ofreció una propuesta de paz al líder de la Autoridad Palestina (AP) Yaser Arafat que no incluía ni Jerusalén Este ni el retorno de los refugiados, y éste la rechazó. Los disturbios comenzaron a sucederse, pero la chispa que activó la explosión definitiva fue la visita del entonces líder del Likud Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas el 28 de septiembre, entendida por la parte árabe como una grave provocación.

El levantamiento palestino comenzó con huelgas, protestas en masa y lanzamientos de piedras, al igual que en la Primera Intifada. Pero pronto, las diferentes facciones armadas palestinas tomaron el control y comenzaron a usar la táctica de la guerrilla. "Yo fui activista en la Primera Intifada", explica un ex combatiente del Tanzim (facción armada de Fatah), en el área de Belén, que prefiere permanecer en el anonimato, "y me uní a todo tipo de resistencia no violenta. Pero mucha gente vio morir a amigos y miembros de sus familias al principio de la Segunda Intifada y, como yo, decidieron tomar las armas". El periodista israelí Gideon Levy, que cubrió el segundo levantamiento, señala que "cuando hay ocupación, llega un momento en el que la gente se desespera y echa mano de lo que primero que encuentra". Muchos culparon a Arafat de propiciar e impulsar el conflicto armado. Levy, sin embargo, opina que "Arafat se subió al tigre de la revuelta contra la ocupación, que estalló con la entrada de Sharon en la Explanada de las Mezquitas".

El muro

En 2002, Israel lanzó la operación Escudo Defensivo, con la que volvió a invadir las seis ciudades de Cisjordania más importantes de las que previamente se había retirado. "La razón oficial fue combatir el terrorismo, que era especialmente amargo por aquella época", afirma Levy. "Pero existía una segunda intención: destruir la infraestructura de la AP". Poco después, en 2004, Sharon dio a conocer el proyecto del muro de separación. De nuevo, la razón oficial fue la seguridad, pero "Israel buscaba consolidar realidades sobre el terreno, como la anexión de territorio palestino", asegura Levy. Ayman Abu Zuluf, comprometido activista no violento durante la Primera Intifada y mero espectador en la segunda, afirma que "les dimos la excusa perfecta para venir a matarnos y a encerrarnos tras un muro. Los que decidieron tomar las armas tenían que haber pensado desde el principio que provocaríamos represalias para las que no tendríamos forma de defendernos".

En efecto, la demostración de fuerza acabó descontrolándose en ambos bandos. En el palestino, "muchos disparaban desde casas de civiles, sabiendo que Israel respondería", asegura el combatiente del Tanzim. "Yo formaba parte de un grupo armado en Belén. Al principio sólo nos dedicábamos a enfrentar los ataques israelíes; pero después de que sus aviones bombardeasen toda la vecindad de Ush Ghrab como represalia a los disparos palestinos, acabamos ocupándonos también de proteger a los civiles de los grupos militares irresponsables, a quienes les pedíamos que saliesen a combatir a zonas abiertas donde no hubiese población". En el bando israelí, Yehuda Shaul, director de la organización israelí de ex soldados Breaking the Silence y combatiente en Ramala y Hebrón durante la Segunda Intifada, admite que las represalias fueron terribles. "Entre 2001 y 2003, por ejemplo, Hebrón estuvo 377 días, con sus noches, sometido a toque de queda. Y si alguien lo rompía, aunque fuese para intentar hacerse con comida, visitar a un familiar enfermo o ir al médico, era detenido durante horas. Y nos acostumbramos totalmente a ello, no pensamos ni por un segundo que pudiese estar mal". Shaul reconoce que "fue un desastre para todos. Se brutalizaron ellos, nos brutalizamos nosotros y ambos nos pusimos en evidencia frente al mundo".

Atentados suicidas

Los atentados suicidas dirigidos por Hamás, la Yihad Islámica y las brigadas de los Mártires de Al Aqsa terminaron de minar la buena imagen que los palestinos habían transmitido a la comunidad internacional durante la Primera Intifada. "Puedes ganarte el apoyo mundial luchando de manera no violenta contra el ocupante, pero no con suicidas explotándose entre gente inocente", afirma Levy. Yehuda Shaul posee una opinión similar: "Hacen falta miles de personas para llevar a cabo una revolución pacífica y cambiar la opinión del mundo. Pero tan sólo hacen falta diez lunáticos mandando a gente a volarse en medio de la población civil para arruinarlo todo". Estas acciones también encontraron oposición en el propio bando palestino: "Los que mandaban a esos pobres chavales a que se volasen eran los mismos irresponsables que ponían en riesgo a la población con sus acciones militares. No vi nunca volarse a ningún líder", asegura Ayman Abu Zuluf.

La destrucción y los miles de muertos ocasionados por el levantamiento no trajeron a cambio grandes avances sobre el terreno. La Hoja de Ruta elaborada por el Cuarteto en 2003 exigía a los palestinos acabar con los actos terroristas y a Israel frenar la construcción de asentamientos. Los atentados se han reducido casi en un 100% desde entonces, pero el ritmo de la construcción de asentamientos se ha mantenido e, incluso, ha incrementado. "Las negociaciones no llevarán a ninguna parte porque el Gobierno de Israel no está interesado", asegura Gideon Levy. "Por ello, tarde o temprano, las nuevas generaciones traerán la Tercera Intifada y, de la misma forma que la segunda fue peor que la primera, la tercera será mucho peor que la segunda", concluye.

Erika Jara, Deia