2011 · 05 · 17 • Dr. Nureddin Awwad

El Derecho de los Refugiados Palestinos al Retorno; La Ley del Retorno Judío y la ingeniería sociopolítica de EEUU en Palestina Histórica

Excelente ensayo realizado por Nureddin Awwad, Dr. En Ciencias Políticas, sobre el Derecho de los Palestinos por Retornar a sus hogares de donde fueron violentamente expulsados, abordando además aspectos jurídicos y políticos relacionados con este drama. La resolución 194/1948 que estipula el derecho de los refugiados palestinos al retorno a sus tierras y propiedades en su patria usurpada por Israel, ha sido reiterada 110 veces en las resoluciones de la ONU,...

Derecho de los Refugiados Palestinos al Retorno: “Los derechos, al igual que los principios, son innegociables”

La resolución 194/1948 que estipula el derecho de los refugiados palestinos al retorno a sus tierras y propiedades en su patria usurpada por Israel, ha sido reiterada 110 veces en las resoluciones de la ONU, lo que implica un compromiso invariable de la legalidad internacional ( ) de concretar ese derecho: convertir el derecho al retorno en retorno fáctico.

A lo largo de la historia del conflicto árabe – sionista, el derecho de los refugiados palestinos al retorno a sus tierras y propiedades acorde a las resoluciones ad hoc de la legalidad internacional, viene exponiéndose a planes, maniobras y conspiraciones unilaterales y multilaterales, tendentes a liquidarlo jurídica y políticamente, y crear hechos consumados que hagan de su realización una quimera. Las luchas del pueblo palestino han frustrado 243 planes de reasentarlos fuera de Palestina el 99% de los palestinos en Siria rechaza el reasentamiento y el 98% en general insisten en el retorno a sus propiedades y tierras de origen; sólo 1% acepta retornar a territorio liberado en Cisjordania o la Franja de Gaza.

En la cultura política común y oficial mundial, debido a los medios de comunicación masiva controlado por el imperialsionismo y la ignorancia, deficiencia e indiferencia del liderazgo político árabe palestino desde 1967, se ha arraigado que Jerusalén Occidental no les pertenece a los palestinos, sino al Estado de Israel. Por ello las resoluciones de la ONU, otros organismos internacionales y especialmente los negociadores palestino-israelíes hablan todo el tiempo de Jerusalén Oriental, como hipotética futura capital del virtual Estado Palestino. Sin embargo, el difunto Faissal Alhusainy, documentó en la House of Orient (de Jerusalén Oriental) que “los árabes de la ciudad son dueños del 75% de la parte occidental”.

La experiencia ha demostrado que no es posible recuperar los plenos derechos nacionales palestinos sin adoptar la resistencia como una opción estratégica y la centralidad de la Causa Palestina para las naciones árabe e islámica, guiándose por el axioma estratégico instaurado por el legendario líder nacionalista árabe, Jamal Abdel Naser, “Lo que a la fuerza se quita, sin la fuerza no se reconquista”.

Israel y Derecho al Retorno

La Canciller israelí, Tzivi Livni fue categórica al manifestar la posición de su Estado con respecto a la fórmula impulsada por la administración W. Bush (Dos Estados): “La propuesta de Israel se basa sobre dos Estados: Israel como patria nacional judía y un Estado Palestino que sería la solución nacional para los refugiados”.

Esta posición es continuidad de la visión de los fundadores del Estado Sionista de Israel desde 1948: “Joseph Witz, presidente del Fondo Nacional Judío, escribió en sus memorias que desde agosto de 1948, se acordó que Israel desatara una campaña propagandística para convencer la opinión publica internacional de que ya no había un espacio a donde podrían retornar los palestinos y que tenían una sola y única oportunidad ante ellos para salvar sus propiedades: venderlas y aprovechar su precio para reasentarse en otro lugar. Aba Iban, ex canciller israelí le recomendó a Ben Gurión el día 14 de julio de 1948 que no corriera detrás de la paz y conformarse con los acuerdos del armisticio, porque los árabes podrían exigirnos el precio de la paz; delimitar las fronteras o el retorno de los refugiados o ambas cosas”.

La nueva administración sionista de B. Netanyahu, tiende a posiciones políticas más extremistas e intransigentes respecto al proceso de arreglo pacifico del conflicto israelo – palestino, aprovechando la correlación de fuerzas imperante en el escenario local e internacional, para imponer sus enfoques e intereses. Si hasta finales del 2008, los sucesivos gobiernos sionistas aceptaban explicita o implícitamente, el retorno de los refugiados palestino solamente al dominio del virtual Estado Palestino, ahora Netanyahu agrava ese dilema y bloquea en la práctica la remota posibilidad de concluir un acuerdo viable con los palestinos.

Para aceptar la visión de Bush–Obama hacia la solución de Dos Estados (abstracción premeditada del sentido real de lo que es un Estado) Netanyahu exige el cumplimiento de condiciones como “Israel debe de ser un Estado Judío que exprese las aspiraciones nacionalistas del “pueblo judío”; el Estado Palestino debe crearse sobre bases securitarias que garanticen la seguridad actual y futura de Israel: un Estado inerme y sin ejército, sin capacidad de suscribir alianzas militares con ningún otro Estado; que autorice la instalación de radares y puntos de vigilancia israelíes dentro de sus fronteras con participación norteamericana y acepte la solución de la cuestión de los refugiados en cualquier lugar salvo en los contornos de Israel”.

Es decir los refugiados palestinos tienen que mantenerse lejos de Palestina Histórica, no importa donde y como y las consecuencias. En síntesis, en este antagonismo radica la esencia de la Causa Palestina y la del plan de coalición internacional opuesto a dicha causa.

Ley Israelí del Retorno Judío

En 1950, el recién creado Estado de Israel sobre una parte territorial de Palestina Histórica, promulgó su propia “Ley del Retorno” a dos años de la adopción por la ONU de la resolución 194 sobre el derecho de los refugiados palestinos de retornar a su patria, tierras y propiedades y obtener indemnizaciones materiales y morales por los daños causados.

La ley del retorno sionista estipula que cualquier judío de cualquier etnia, raza, credo, idioma, cultura y nacionalidad de cualquier parte del mundo, tiene el derecho automático de inmigrar a Palestina y asentarse en sus tierras en detrimento de la población árabe autóctona. En los últimos años, La ley del retorno sionista se ha extendidos a los inmigrantes no judíos, que cumplan con requisitos especiales como servir dos años en el ejercito israelí, según disposiciones del propio aparato castrense y el ministerio de asimilación y migración.

Mientras el Estado de Israel incumple una resolución de la legalidad internacional (194) cuyo acato fue una de las condiciones de la ONU para aceptar la membresía de Israel en el organismo internacional, abre las puertas de Palestina Ocupada ante el mercenarismo internacional que constituye otro delito tipificado y sancionado por el derecho internacional.

Abraham Burg, ex presidente del Keneset (Parlamento) en su libro titulado (Para derrotar a Hitler), dice que “Israel es un gueto sionista, un nido de violencia” y se refiere a la llamada la “Ley del Retorno” promulgada por el Estado de Israel en oposición evidente a la resolución 194 de la ONU que consagra el derecho de los refugiados palestinos al retorno a su patria, tierras y propiedades, usurpadas por el sionismo israelí desde su fundación en 1948.

Burg rechaza esa legislación ya que “El fallo de esta ley es que es el reflejo de la doctrina de Hitler (la Ley del Retorno concede la ciudadanía israelí a toda persona nacida en la diáspora y considerada judía según la tradición religiosa ortodoxa, una definición recogida literalmente por las leyes de Nuremberg). Y me niego a ver mi identidad definida por Hitler. Hay que derrotar a Hitler”.

La Izquierda Judía y el Derecho al Retorno

Illán Pappé, un historiador judío de izquierda, en su libro titulado “Ethnic Cleansing in Palestine” “arroja luz sobre las masacres y expulsiones contra los palestinos en 1948, cuando fueron arrasados 531 poblados y expulsados más de 800 mil palestinos (entre el 30 de marzo y el 15 de abril las fuerzas sionistas ocuparon 200 poblados y expulsaron a sus poblaciones árabes, es una historia sencilla y terrorífica de limpiar a Palestina de su población autóctona. Es un crimen de lesa humanidad que Israel ha intentado negar y hacer que el mundo lo olvide. Recuperar la memoria, es una decisión moral y un primer paso que debemos dar si queremos darle una oportunidad a la reconciliación y establecer y consolidar la paz en Palestina e Israel”.

Aunque apreciamos el papel jugado por ese autor de la izquierda judía por denunciar los crímenes del sionismo en Palestina Histórica hasta 1948, según documentos sionistas que demuestran la falsedad de sus argumentos en cuanto a la tierra y el pueblo de Palestina Histórica, no podemos dejar de ver la otra mitad de la verdad histórica y actual.

Pappé reconoce la inmoralidad, ilegitimidad del crimen sionista contra el pueblo palestino, sin embargo absuelve tácitamente al Estado de Israel de la responsabilidad e involuciona a Palestina Histórica, árabe y palestina, a una falsa Palestina que se promueve en los medios de comunicación masiva, a instancias de EEUU, UE, Israel y AP: Cisjordania y la Franja de Gaza.

Por ello, Pappé pretende implícitamente legitimar la conquista sionista de más del 78% de Palestina Histórica y olvidar el crimen histórico del sionismo y sus aliados, en vez de restaurar los derechos, legítimos, nacionales y históricos del pueblo palestino, como única forma de restablecer la paz en el Medio Oriente.

Norman Fenklestein, considerado un escritor e intelectual norteamericano de izquierda, acosado y expulsado de su trabajo como conferencista en múltiples universidades de EEUU por sus opiniones académicas y políticas hacia el conflicto israelo-palestino, dice: “Creo que no hay mucha diferencia entre las políticas de los demócratas y los republicanos de EEUU hacia Israel, pero sí hay importante cambio en la opinión pública norteamericana que se ha expresado por actores claves en las sucesivas administraciones como Z. Brzezinski y G. Soros quienes abogaron por la retirada de Israel de los territorios ocupados, acorde a las resoluciones internacionales, el derecho internacional define el derecho de Israel a la existencia dentro de las fronteras de 1967, lo mismo es válido para las cuestiones de los refugiados, la frontera, las colonias y Jerusalén”.

Pensamos que su afirmación anterior no es exacta e incluso contradictoria. La única resolución internacional que pudiera tener elementos de “derecho internacional” es la 181 de 1947 que decide la partición de Palestina en dos Estados (56% judío y 44% árabe). Las resoluciones de la Asamblea General de la ONU no tienen carácter vinculante sin embargo, la 181/47 fue aplicada. La resolución 194/48 sobre el retorno de los refugiados nunca ha sido aplicada.

Israel nunca ha aplicado alguna resolución del Consejo de Seguridad, que sí tienen carácter vinculante. Israel está por encima de la ley gracias al veto de EEUU. No existe ningún instrumento de derecho internacional que haya avalado hasta el momento el derecho de Israel a existir en el 78% de Palestina; sólo el 56%. Noam Chomsky, también cae en la misma imprecisión de Norman Fenklestein al decir “Por lo menos bajo la Ley Internacional los límites territoriales de Israel fueron creados en junio de 1967, el restante 22 por ciento que conforma Palestina, es territorio ocupado”.

El incumplimiento del Estado de Israel desde 1948 hasta el momento de las condiciones exigidas por la ONU para aceptar su membresía en el organismo internacional, lo convierten en un Estado villano y miembro ilegal. El presidente actual de la 63 Asamblea General de la ONU, el nicaragüense Miguel de Escoto Brookman ha reclamado la aplicación de la resolución 181/47 y que la ONU cumpla con su compromiso de crear un Estado Palestino Independiente, y consideró que “el mayor fracaso de la ONU ha sido la negativa de crear un Estado Palestino”.

EEUU y Derecho al Retorno

EEUU no sólo utiliza el veto para proteger a Israel en el Consejo de Seguridad, sino apoya su negativa en cuanto al derecho del retorno de los refugiados palestinos y desde principios de los años 50 del siglo XX viene buscando cualquier fórmula para resolver el problema de los refugiados, que es la esencia de la Causa Palestina, menos el retorno fáctico a Palestina. De manera que EEUU es autor y cómplice de Israel en la violación del derecho internacional y en la negación de los derechos del pueblo palestino, las negociaciones fraudulentas con representantes palestinos y la pacificación forzosa del conflicto.

Mientras el arreglo político pacífico se sustenta sobre dos Estados según W. Bush, la teoría israelí no les permite a los palestinos retornar y residir en Palestina, lo que constituye una contradicción evidente en los postulados de la visión política de ambas potencias y le facilita a EEUU desempeñar un rol de mediador en el proceso. No obstante, a lo largo del proceso de negociación y la aplicación de medidas concretas desaparece esa contradicción a favor de la visión sionista que equipara el retorno de los refugiados palestinos con un suicidio político de Israel, hecho que confirma que EEUU ve en Israel un interés nacional, como lo han reiterado las sucesivas administraciones norteamericanas.

Es la misma visión norteamericana que condiciona la paz con la seguridad y ésta con todas las garantías y concesiones exigidas por el Estado de Israel y EEUU a los palestinos y árabes, constituye una realidad que vuela de raíces cualquier proceso de negociación seria y objetiva. Por ello pensamos que el actual proceso de negociación (específicamente desde el inicio del segundo mandato de W. Bush) y por carecer de los requisitos indispensables para dicho proceso, es una burla a la opinión pública mundial, el derecho internacional, cobertura temporal y legitimadora del proceso de Judaización de los territorios ocupados por Israel, de manera que si terminan (Saeb Erekat, La vida es eterna negociación) algún día ya no habría un espacio geofísico donde instaurar el publicitado Estado Palestino.

La Cámara Baja del Congreso de EEUU aprobó por unanimidad el 3 de abril 2008 una resolución (185) que considera a los judíos árabes que abandonaron sus países de origen, para emigrar a Israel como refugiados cuya cuestión hay que insertar en cualquier arreglo del conflicto en el Medio Oriente, con la disyuntiva de indemnizarlos por los Estados árabes o obligar a esos últimos a renunciar el derecho de los refugiados palestinos a retornar a su patria Palestina Histórica. La resolución 185 “se inscribió en el contexto de la posición ideológica y política de las élites políticas de EEUU que consideran el proyecto del Estado de Israel como una parte del proyecto nacional estadounidense y una parte de su seguridad”. Creo, categóricamente, que La Administración y cualquiera otra no pueden apoyar los derechos árabes palestinos ya que los Estados no actúan conscientemente contra sus propios intereses nacionales.

El legislativo norteamericano prosigue explicando: “Desde la creación de Israel se han evacuado de los países árabes cerca de 850 mil judíos, no sería conveniente que EUU reconozca los derechos de los refugiados palestinos sin reconocer iguales derechos de los refugiados judíos de los países árabes. Hay que recordar el memorando de entendimiento de 1977 entre Jimmy Carter y Moshé Dayan, y las declaraciones de W. Clinton en el 2000 al respecto”. Cabe recordar que esa resolución tiene sus antecedentes en el plan Hoja de Ruta (2003) y la Carta de garantías de Bush a Sharon (2004) que burlan el derecho de los refugiados palestinos al retorno para eliminar la esencia de la causa palestina.

Aprovechando el nuevo estatus político y la connotación humanitaria del término “refugiados”, que pretende conferirles a los emigrantes judíos árabes, La Cámara Baja adopta esa resolución para insertarla en la agenda de la administración W. Bush, que pretende resolver el conflicto israelo-palestino. Es evidente, la hipocresía política y ética de los diputados norteamericanos, pues no lo hacen por un principio de humanismo ni justicia al sugerir un trueque vulgar de los derechos de los refugiados palestinos por los supuestos derechos de los emigrantes judíos árabes a Israel.

En principio, tengo la plena convicción de que todos los refugiados de cualquier país del mundo, tienen derechos humanos y políticos que hay que respeta y hacer valer acorde al derecho internacional. La Cámara Baja omite la diferencia cualitativa existente entre el caso de los refugiados palestinos (casualmente la primer oleada de ellos en 1948 fue alrededor de 850 mil personas) y los judíos árabes que fueron evacuados fundamentalmente por la acción de tentación y aterrorización protagonizadas por el Movimiento Sionista Mundial y los servicios de espionajes e inteligencia israelitas, a veces en contubernio con algunos regímenes feudales árabes sometidos a las potencias colonialistas europeas y presionados por las administraciones norteamericanas.

Por ello, el crimen de esos regímenes reaccionarios fue doble: permitieron la creación de Israel en Palestina Histórica, hecho que implicó el surgimiento de la cuestión de los refugiados palestinos y a la vez permitieron el flujo de emigrantes judíos árabes a sustituir a los refugiados palestinos.

Desde el inicio del conflicto árabe–israelí, existen centenares de resoluciones de la legalidad internacional ratificando la resolución primaria 194/1948 sobre el reconocimiento de los refugiados palestinos y sus derechos al retorno a su tierra y propiedades, pero no existe ninguna resolución al respecto en el caso de los judíos árabes mencionados, simplemente porque no son refugiados, sino emigrantes que engrosaron las filas demográficas, económicas y militares de un Estado enemigo y en situación de guerra abierta contra sus países de origen.

De toda manera, pensamos que una solución socialista para la Causa Palestina, en el marco de la solución el conflicto árabe-sionista y la creación de una sociedad socialista árabe unificada podría dar solución a los derechos de todas las etnias, grupos religiosos, confesionales y raciales de todos sus ciudadanos.

La dinámica del conflicto israelo-palestino a lo largo de más de 60 años ha demostrado que “el derecho al retorno es un derecho histórico que no admite soluciones a media (…) y por ende cualquier arreglo político sería un fracaso político si no incluye el derecho al retorno acorde a la resolución 194, que no es producto de la generosidad de EEUU ni Israel. Aceptar el reasentamiento de los refugiados palestinos fuera de su patria, equivale conferirle a la usurpación de Palestina un carácter legítimo histórico”.

La coalición histórica entre el Estado de Israel y las potencias imperialistas (Gran Bretaña, Francia y EEUU) desde la fundación contra natura del Estado sionista ha conspirado constantemente contra la esencia de la causa palestina que radica fundamentalmente en la cuestión de los refugiados y la tierra del pueblo palestino.

Siempre ha intentado integrar a los refugiados palestinas en la vida económica y política del Medio Oriente. Todos los proyectos de reasentamiento propuestos por EEUU e Israel – desde Patria Alternativa en Jordania hasta un Estado en territorios ocupados en 1967- persiguen el mismo objetivo: liquidar su causa como un fundamento y una premisa de cualquier arreglo político pacífico del conflicto.

Es en ese contexto, cae sobre EEUU como potencia ocupante de Iraq, la responsabilidad legal y moral por la dispersión, asesinatos y expulsión de los refugiados palestinos en Iraq (total 34 mil) como la tuvo cuando la comunidad de refugiados palestinos en Kuwait (medio millón) fue hostigada y expulsada a raíz de la guerra de EEUU y aliados para “liberar” al Estado petrolífero de la ocupación iraquí en 1990-1991.

Durante su gira por el Medio Oriente en enero de 2008, W. Bush declaró en Kuwait que necesitaba 150 mil millones de dólares para indemnizar a los refugiados palestinos. Al considerar la entidad sionista como Estado judío, Bush apoya, a priori, el crimen de limpieza étnica contra 1.4 millones de árabes dueños de su existencia natural e histórica en los territorios ocupados en 1948 e ignora el hecho de que el llamado hogar nacional del pueblo judío está erigido sobre el 94% de tierras propiedad árabe con documentos impugnables.

“Revoca el derecho de los refugiados palestinos al retorno a sus tierras y propiedades, acorde al derecho internacional (resolución 194) e impide la autodeterminación que es un derecho vinculante según el derecho internacional publico la indemnización que ofrece Bush es incomparablemente inferior al monto real del valor de las propiedades de los refugiados que se estima en 680 mil millones de dólares, mientras su renta anual alcanza los 30 mil millones de dólares”.

Los expertos estiman las perdidas y daños ocasionados a las propiedades palestinas en 562 mil millones USD, mientras los dirigentes israelíes reconocen una cifra entre 3 y 6 mil millones USD. Desde el punto de vista legal y jurídico, la indemnización no sustituye el derecho al retorno que es un derecho individual de los derechos humanos y un derecho colectivo en el contexto del derecho a la autodeterminación de los pueblos. Por consecuencia lógica, optar por el derecho al retorno no menoscaba el derecho a la indemnización por el tiempo de diáspora y refugio coercitivo.

Coalición Multinacional Contra el Derecho al Retorno

El partido de los sionistas palestinos no deja de conspirar y renunciar los derechos inalienables del pueblo palestino, reconocidos y garantizados por la legalidad internacional, y legitimados por la historia, la geografía, la demografía y la cultura ancestral de la nación arabe en Palestina.

Un grupo israelo-palestino creado por Zilber Benhiun (judío francés de origen marroquí) hace cinco años, que venia funcionando con apoyo y financiamiento de la UE, especialmente la cancillería francesa, el Banco Mundial, el Centro Pérez para la Paz, Centro de estudios DATA de Belén (Cisjordania) y otros, elaboró y presentó “un documento del grupo de Aix-en-Provence (relativo a la universidad de Aix -en-Provence, Francia) que traduce el derecho al retorno de los refugiados palestinos a su patria, del lenguaje de justicia y derechos históricos a componentes económicos de 90 mil millones de USD de costo”.

Por la parte palestina encabeza el grupo Saeb Bamieh, consejero económico de la Unión General de Industrias Palestinas, con antecedentes de negociación en Oslo 1 y Oslo 2. El objetivo único del documento es presentar una alternativa económico-mercantilista a la solución política del problema de los refugiados palestinos (ya alcanzan casi los 6 millones, dispersos por el mundo) ante la Conferencia de Anáppolis (Noviembre 2007).

El soborno ofrecido se basa sobre el plan Clinton del 2000 para resolver el retorno de los refugiados. Ninguna variante de las planteadas por Clinton ni por ese grupo se basa sobre la legalidad internacional (Resolución 194) sino sobre los hechos consumados y la correlación de fuerzas en el terreno, lo que invalida la iniciativa desde el punto de vista jurídico, legal o moral, conceptos ajenos a la política exterior de la administración W. Bush.

El derecho de los refugiados palestinos al retorno a Palestina Histórica constituye uno de los dos pilares fundamentales de la causa palestina, por ello ha sido atacado desde el inicio del conflicto israelo-palestino por todos los actores directos e indirectos en el conflicto, con un solo objetivo: liquidar ese derecho de cualquier forma militar, política, diplomática, jurídica y económica. En ese contexto se inscriben las dos iniciativas más recientes: el proyecto europeo para reasentar a los refugiados a cambio de renunciar su derecho en Palestina y la iniciativa canadiense de rehabilitar a los refugiados palestinos.

En síntesis, “El proyecto europeo consiste en lo siguiente: transferir a los refugiados palestinos de los países árabes y europeos a otros lugares que esos países se encargan de acondicionar para recibirlos; pagar colosales cantidades de dinero para sufragar las necesidades de los refugiados en las esferas básicas de la vida; propiciar un clima favorable a esos refugiados y permitirle libertad de movimiento y viaje a los distintos países que estimen convenientes; no retornar a la Franja de Gazza o Cisjordania con el propósito de residir allí; únicamente de visita que no sobrepase los tres meses de estancia; instaurar ámbitos económicos e inversionistas en los lugares donde hayan sido reasentados para emplearlos y mantenerlos ocupados; todos los refugiados firman los documentos de renuncia o dejación de sus derechos en Palestina, sin pedir indemnización a nadie ni a Israel ni a la ONU.” ( )

La iniciativa de Canadá data realmente de 1992, después de las negociaciones entre la OLP e Israel a raíz de la Conferencia de Madrid 1991, cuando presidió un grupo internacional de trabajo sobre la cuestión de los refugiados. El grupo fue activo hasta 1996 y celebró numerosas sesiones bajo el tema “rehabilitación de los refugiados” con la participación de Israel y países árabes y europeos.

El objetivo oculto es facilitar el reasentamiento de los refugiados palestinos en los países actualmente anfitriones, en coincidencia total con la posición política de Israel: No al retorno de los refugiados a Palestina. Por otra parte, el gobierno de Canadá en coordinación con EEUU, Israel y la AP esta asumiendo un papel destructivo del tejido social palestino en los territorios ocupados otorgando visas y facilidades para que los jóvenes palestinos emigren a Canadá.

Ingeniería sociopolítica de EEUU en Palestina Histórica

La Administración W. Bush en su segundo mandato, le impuso el premier (Salam Fayad) al presidente de la AP (M. Abbas). S. Fayad se convirtió en un premier de mayor influencia que su presidente, debido a sus íntimos vínculos con EEUU, la UE y las instituciones financieras internacionales. Lo paradójico de la democracia de La Administración y sus conceptos sobre gobierno y Estado, anula en la práctica todo lo que predica en teoría, hecho que pone en tela de juicio la credibilidad y la ética de La Administración y su política exterior. El buen gobierno quiere decir construir el Estado de instituciones sobre bases democráticas y ampliar el espacio de participación en el poder.

No creemos que el comportamiento del gobierno de Ramalah responda a esas aspiraciones. El señor S. Fallad se ha convertido personalmente en una institución pese a que representa a un bloque de 2 miembros de los 135 miembros del Consejo Legislativo Palestino y su gobierno no ha sido aprobada por el Consejo ni por ninguna institución legal palestina, salvo por el presidente de la AP y la administración de EEUU” .

Las resoluciones de la legalidad internacional, desde la adopción de la resolución 242 (1967) no han abordado la naturaleza del Estado de Israel. Sin embargo, “W. Bush fue el primero en sugerir que la creación de un Estado palestino democrático, podría impulsar progresivamente la seguridad y prosperidad del Estado de Israel como un Estado Judío”.

W. Bush se dedicó a la planificación físico-estratégica del Estado de Israel. En su discurso del 16 de julio de 2007 se refirió nuevamente a un asunto interno israelí que se supone sea de la jurisdicción y competencia del Estado de Israel. “El premier Olmert nos ha explicado también que el futuro de Israel está basado sobre el desarrollo de Negeve y Galilea y no seguir ocupando Cisjordania EEUU tiene el compromiso con la seguridad de Israel como un Estado Judío y Hogar del pueblo judío”. No ha sido la primera vez que W. Bush aborde el tema de esas dos zonas palestinas ocupadas por Israel en 1948 y el carácter judío del Estado de Israel. “Beginning in 2004, Bush has made at least four references to the Negev and the Galilee. He has referred to Israel as a Jewish state at least 10 times between 2002 and 2007, according to an analysis by the Institute of presidential documents”.

Ni siquiera Saeb Ereikat, jefe del equipo de negociadores de la AP con Israel, ha podido asimilar la insistencia de Ehud Olmert sobre el carácter judío de Israel. Dijo “no hay ningún Estado en el mundo que condiciona su identidad nacional por una identidad religiosa”, Ereikat tiene razón. La única excepción es el Estado Vaticano, pero Israel no se compara con el Vaticano porque sabe que “ese Estado teocrático es una mera institución religiosa que representa a los católicos del mundo espiritualmente, pero sin derecho a representarlos políticamente”.

En cuanto a los judíos del mundo, específicamente los judíos norteamericanos, que constituyen hipotéticamente la materia prima y fuente demográfica del Estado de Israel, la mayoría de ellos hablan el inglés (ni hebreo ni yedish) y se insertan paulatinamente en sus sociedades de origen . Los judíos norteamericanos son menos religiosos y su judaísmo es más americanizado el sistema de valores que adoptan los nuevos judíos es el materialista –consumista al igual que las masas de las sociedades occidentales en general (aun así) manifiestan su identidad judía de forma prepotente para imprimirle un contenido sólido de manera que el judío norteamericano se sienta un individuo del antiguo pueblo judío orgulloso de su símbolo nacional mayor: el Estado sionista”.

Los judíos norteamericanos forman parte integrante de la sociedad y están insertados en las instituciones de la sociedad política y la sociedad civil del país. “Aunque los judíos constituyen el 2% de la población de EEUU, cuentan con el 10% entre los miembros del congreso”. Ese conflicto identitario del individuo desestabiliza su personalidad y conciencia, hecho que se traduce en comportamiento errático y a veces contradictorio.

En cuanto al comportamiento político de los judíos norteamericanos (la mayor comunidad judía del mundo, incluso mayor que la del Estado de Israel) se observan dos tendencias: la primera que se siente ajena al Estado de Israel pero brinda apoyo material a la colonización en Palestina (sionistas por identidad) y la segunda que emigra y coloniza (sionistas colonialistas) de comportamiento violento y extremadamente fascistas.

W. Bush está dando su apoyo a la intención de Ehud Olmert y la planificación física estratégica del Estado de Israel de usurpar las pocas tierras árabes en la parte ocupada por Israel en 1948 ( ), o sea, judaizar toda esa parte de Palestina, lo que traería como consecuencia la expropiación y expulsión de sus dueños árabes palestinos o exterminarlos en el marco del proceso de limpieza étnica que Israel viene practicando desde su creación.

A partir de 1948, la historia del Estado de Israel no ha sido más que una trayectoria de guerras militares contra la nación árabe, de manera que dicho Estado “sigue siendo artificial, intruso, ajeno, fuente de desestabilización de toda la región y una carga política, securitaria y moral sobre occidente especialmente su aliado estratégico eterno: EEUU”.

Observamos continuidad en la proyección de la administración W. Bush hacia Israel, cual interés nacional de EEUU, hecho que redonda en incidencia negativa hacia la causa palestina, bloqueando progresivamente su plan de solución y conduciendo al fracaso, por antagonismo entre el pensamiento político y el comportamiento real de La Administración.

La administración con apoyo sionista ha podido crear el partido político de la AP: Partido de la Burocracia Palestina, que originalmente estaba compuesto por el trío: M. Abbas (Político); S. Fayad (económico) y M. Dahlan (seguridad) y se le han incorporado Ahmad Qurei; Yaser Abedrabbo; Saeb Ereikat; Nabil Amr; Attayyeb Abdurrahim y Ahmad Abdurrahman; “todos ellos se han encargado de las negociaciones y licitaciones de los derechos nacionales palestinos al margen de cualquier tipo de legitimidad o legalidad conferida por las instituciones legislativas, políticas y militares palestinas”.

El programa político de ese partido acepta menoscabar todos los derechos inalienables del pueblo palestino, en consonancia con las exigencias y dictados de EEUU e Israel y su existencia en la cúspide de “poder” de la AP facilita la ejecución de los planes imperialsionista tendentes a resolver el conflicto a favor de sus intereses. Uno de los factores que constituyen elementos de fuerza para la política exterior de W. Bush hacia la causa palestina radica en la debilidad interna de la AP y la aparición no oficial de un partido ideo-político sionista palestino y mercenario de Occidente, que incluso ha ido más allá de las posiciones políticas tradicionales de regimenes árabes reaccionarios aliados de EEUU.

Ese partido que coincide y se intercepta con el partido de la burocracia palestina constituye un resultado concreto del retroceso de la causa palestina, principalmente desde el Acuerdo de Oslo de 1993. Ambos partidos constituyen un ente sociopolítico abanderado del slogan “la política es el arte de lo posible”.

La ideología del imperialsionismo globalizado mediante el neoliberalismo y sus instituciones transnacionales han penetrado sociedades enteras en su sociedad política y en la civil también. En el caso palestino, las consecuencias han sido graves por diferentes razones pero la más importante es que toda la patria palestina ha sido usurpada por Israel y sus aliados mientras casi seis millones de refugiados están dispersos por el mundo. “La moral del mercado, que no es otra que la del idiota social (…) proyecta el paraíso del consumo como la nueva solución final. La actual política consiste en fundar un orden con gobernantes mediocres de pensamiento sistémico. Plutócratas manipulables por quienes manejan los hilos del poder real se muestran sumisos ante el fuerte y acaban humillados y sodomizados en el mercado. El imperialismo lo sabe, transformados en idiotas sociales son presidentes o líderes de la oposición de la política de arriba”.

Sin eludir en lo más mínimo el factor de clases que está en la génesis de ese fenómeno, los privilegios otorgado por la potencia ocupante (Israel) a ese partido, las donaciones de la UE, las ayudas financieras de EEUU y otros Estados árabes, han contribuido a la potenciación y cristalización de grandes intereses de clase (más bien de grupúsculos desclasados) que ya ven en la continuidad del conflicto israelo-palestino un obstáculo ante esos intereses que defienden a ultranza. Por ende, su comportamiento político, desde los centros e instituciones de la AP, se manifiesta armónico e idéntico al del Estado de Israel y al servicio de sus intereses colonialistas en Palestina.

Estimamos que el liderazgo de la AP de Ramalah actuó en sentido contrario a los intereses del pueblo palestino y garantizó la seguridad de la potencia ocupante, con la aprobación de EEUU, mientras Israel se aferró a sus cinco negativas: No a la retirada hasta la frontera de 1967; No al retorno de los refugiados palestinos; NO al desmantelamiento de las colonias; No al Estado Palestino Independiente; No a la división de Jerusalén (pues considera que toda Jerusalén, como capital unificada y eterna de Israel).

Para ilustrar con un ejemplo concreto esa realidad basta con citar la conducta del representante palestino (sionista) ante la ONU: “ la racionalidad y realismo!! de nuestro representante en la ONU, Riyadh Manssur lo llevaron a presentar un proyecto de resolución ante la Asamblea General, que reclama considerar las fuerzas de la resistencia palestina encabezadas por Hamas en la Franja de Gazza, como fuerzas y milicias ilegales, abriendo la puerta así ante Israel, EEUU y la UE para calificar la lucha nacional palestina de terrorismo” . Incluso el 2 de agosto de 2007 “Riyadh Manssur votó, a instancias del presidente de la AP, M. Abbas, contra un proyecto de resolución árabe-islámico que aboga por el levantamiento del bloqueo impuesto sobre la Franja de Gaza esa actuación es digna del delegado de la entidad sionista, al decir de Abdulbary Attwan, jefe de redacción del periódico londinense Alquds Alarabí”.

Acorde a las directrices y mecanismos de la política de la administración para materializar su visión de Dos Estados, la AP mantiene como única y exclusiva variante de trato con la potencia ocupante: la negociación indefinida. La administración ha sustituido “las resoluciones de la legalidad internacional por la referencia norteamericano-israelí y con enfoque securitario, lo que le permite disponer de mayor tiempo y posibilidad de proseguir la diplomacia del engaño y la desinformación, consagrar la división palestina y árabe y desvirtuar sus derechos”.

Las negociaciones entre la AP e Israel, bajo auspicios y mediación de EEUU, han sido regidas en todo momento por la correlación de fuerzas local, regional e internacional que se reflejaron en el acuerdo de Oslo en 1993. Los resultados del actual proceso de negociación han sido caracterizados por su continuidad injustificada ya que no arroja ningún avance en la aplicación de lo acordado desde 1993 y en medio de los operativos militares israelíes incesantes tanto en Cisjordania como en Gazza. Entonces ¿En qué consistió el proceso de negociación? Presumimos que se trató de un proceso de legitimación de la colonización sionista de Palestina y de cualquier solución mediatizada que respondería a los intereses de clase de la élite política de la AP.

Martin Indyck, ex embajador de EEUU en Israel, consideró la situación actual en los territorios palestinos ocupados por Israel en 1967 como un hecho consumado de dos Estados palestinos, (Hamasestan, Estado fallido y terrorista y Fatahestan en Cisjordania, Estado viable y gobernable) que formarían parte de la solución propuesta por La Administración: Dos Estados. Indyck sugirió a M. Abbas que “podría contar con Israel para liquidar a su adversario Hamas; acudir a Jordania y EEUU para recomponer sus aparatos de seguridad; negociar el futuro de Cisjordania con Israel; firmar un acuerdo de paz para proclamar un Estado con fronteras temporales en Cisjordania y los barrios árabes de Jerusalén Oriental”.

Somos del criterio de que el Plan Indyck careció de los requisitos indispensables para la formación de una Estado y pretendió legitimar una coalición de EEUU-Israel-Regímenes árabes reaccionarios y AP de Ramalah, que libraría una guerra contra un adversario común calificado de ‘Estado Fallido y Terrorista’ en Gazza, en el contexto de la estrategia de EEUU de guerra mundial contra el terrorismo y en el marco del Caos Creativo, allanando el camino ante el proyecto GMO al precio de la destrucción de La Causa Palestina.

Se pretendió arraigar el concepto de dos Estados palestinos en los territorios ocupados, en el contexto de la promoción de una cultura política que acepte y defienda, en última instancia, esos Estados ficticios, olvidándose de la tarea estratégica de la liberación de Palestina. No hemos conocido en la historia de las relaciones internacionales que una autonomía civil administrativa limitada bajo una ocupación militar del imperialismo se haya convertido en un Estado independiente y soberano y mucho menos mediante las negociaciones.

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Dr. Nureddin Awwad