2012 · 02 · 25 • Antonio Pita, Agencia EFE

Cisjordania se tensa y Fayad acusa al mundo de consentir la violencia israelí

En un tono inusualmente duro, el primer ministro palestino, Salam Fayad, acusó hoy al mundo de haber "contribuido", con su condescendencia hacia Israel, a la muerte de un manifestante cerca de Ramala, que ha propiciado nuevos disturbios saldados con doce palestinos heridos.

En un comunicado, Fayad afirmó que "el silencio de la comunidad internacional y sus insuficientes esfuerzos para lograr que Israel se comprometa a poner fin a su política de violencia contra nuestro pueblo (...) han contribuido a minar aún más las vidas de nuestra gente y a que se cometiese este crimen".

El crimen en cuestión es la muerte de Talat Ramia, un joven de la localidad cisjordana de Al-Ram que resultó herido de bala en el pecho por un soldado israelí durante una protesta y falleció poco después en el hospital.

Ramia lanzó "fuegos artificiales a corta distancia contra un militar, que sintió que su vida estaba en peligro y, por tanto, abrió fuego y le hirió en un hombro", según la versión del Ejército.

El incidente llevó a Fayad, ex funcionario del Fondo Monetario Internacional respetado en las principales capitales occidentales, a publicar una reacción especialmente dura con la actitud del mundo con Israel, en particular la del Cuarteto de Madrid, que forman la ONU, Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia.

"Lo que ha llevado a la continuación de esta política es no haber hecho responsable a Israel y haber seguido tratándolo como un Estado por encima de la ley", subrayó antes de otorgar a la comunidad internacional "responsabilidad directa en la continuación de tales ataques".

Fayad calificó de "nada seria" la intervención global frente al Gobierno de Benjamín Netanyahu y la "práctica racista" de gestionar sin violencia las manifestaciones en Tel Aviv y "concentrar" el uso de la fuerza contra los palestinos.

"Habíamos advertido previamente y en más de una ocasión a diversos integrantes de la comunidad internacional" del "peligro del silencio hacia la política de Israel plasmada en el uso de la violencia contra las protestas no violentas" palestinas, prosiguió.

En vez de "intervenir ante Israel para que ponga fin a estas prácticas", el Cuarteto "ha seguido concentrando sus esfuerzos en revitalizar el proceso político", prácticamente paralizado desde hace año y medio, denunció.

Además de la indignación de Fayad, la muerte de Ramia atrajo a centenares de personas a su entierro en Al-Ram, entre Jerusalén y Ramala, que derivó en nuevos disturbios.

Tras el sepelio, decenas de jóvenes se congregaron en la entrada oriental de la localidad y se desató un enfrentamiento con soldados israelíes.

La protesta acabó con doce palestinos heridos por las fuerzas de seguridad israelíes, según la agencia palestina "Maan".

Los militares solo dispararon en esta ocasión balas recubiertas de caucho y gases lacrimógenos, sin recurrir a fuego real como el que acabó ayer con la vida de Ramia, indicó a Efe uno de los participantes, Jaber Budes.

Los palestinos, por su parte, lanzaron piedras y cócteles molotov a los soldados y quemaron neumáticos, indicó a Efe un portavoz militar israelí.

Los choques se reprodujeron a menor escala en otros puntos de Cisjordania, donde se ha caldeado el ambiente por la entrada ayer de policías israelíes en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, tercer lugar sagrado del Islam.

Los agentes entraron al recinto después del rezo musulmán del mediodía, el más importante de la semana, y se desencadenó una batalla campal que acabó con más de veinte palestinos y once policías heridos.

Los palestinos lanzaron piedras y zapatos a los agentes, que recurrieron a gases lacrimógenos y granadas de ruido.

Los ánimos están a flor de piel en la Explanada desde el inicio de la semana, a causa del intento de visita al lugar el pasado domingo de Moshe Feiglin, líder del ala más derechista del gobernante partido Likud de Netanyahu.

La Policía impidió el paso a Feiglin por el riesgo de disturbios, como los que produjo en septiembre de 2000 el hiperprotegido paseo del entonces líder de la oposición, Ariel Sharón, y que marcaron el inicio de la Segunda Intifada.

La iniciativa de Feiglin iba acompañada de la distribución de panfletos en los que se animaba a expulsar a los "enemigos de Israel" del lugar, donde se cree que se alzaba el Segundo Templo judío, destruido por el Imperio Romano en el siglo I de nuestra era, y que una parte del nacionalismo religioso aspira a reedificar.

El martes y el jueves se repitieron los disturbios, con un total más de veinte arrestos y una declaración policial de alerta máxima ante posibles visitas provocadoras.

Antonio Pita, Agencia EFE