2014 · 09 · 25 • Fuente: Maria Torres-Solanot, para Palestinalibre.org

Palestina: La llave del retorno

Las manos de Kafra se abren para mostrar una llave. Es la llave que abría la puerta de la casa donde nació. El símbolo del deseo de retorno al hogar que todo palestino refugiado conserva.

 

Foto : Kafra, palestina refugiada por años en el campo de Dheisheh en Belén (Cisjordania).

Las manos de Kafra se abren para mostrar una llave. Es la llave que abría la puerta de la casa donde nació. El símbolo del deseo de retorno al hogar que todo palestino refugiado conserva.

Motasem Al Alfande, el nieto de Kafra, dice que su abuela vino al mundo hace 117 años en Dayr Aban, una aldea palestina a pocos kilómetros de Jerusalén, un lugar que ya quedó lejos.

No hay ningún papel que demuestre esta edad. Su año de nacimiento es una incógnita, un misterio perdido a lo largo de una vida marcada por la diáspora. Su rostro está lleno de surcos, de caminos, de historias. Los ojos se le cierran mientras habla, pero todavía ve con claridad. Camina despacio y erguida. La memoria sigue acompañándola, y con la voz quebrada por la emoción, cuenta cómo tuvo que dejar atrás sus raíces. Ella junto a toda su familia se vieron obligados a abandonar el pueblo donde nacieron. Las tropas israelíes lo destruyeron durante el “Nakba”, palabra árabe que significa “catástrofe”. Se denomina así a la ocupación israelí, la destrucción de más de 400 poblaciones, el éxodo de 750.000 refugia- dos y la muerte de 15.000 palestinos en el mes de mayo de 1948.

-“Nos prometieron que volveríamos a nuestra casa, pero nos mintieron” –recuerda con los ojos llorosos.

El hogar de Kafra y su familia es ahora el campo de refugiados de Dheisheh, al sur de Belén, en la franja de Cisjordania. Durante años vivó en una tienda de campaña. Con el paso del tiempo, los mismos refugiados empezaron a construir casas de adobe. Ahora, tras seis décadas, residen allí unas 13.000 personas. El camino que lleva a la casa de la familia Al Alfande tiene el pavimento lleno de agujeros, de baches. Las caras de los líderes palestinos decoran los muros y paredes de las calles.

Foto: Campo de refugiados palestinos de Dheisheh en Belén (Cisjordania) 

Dentro de la casa, los tabiques aun lucen al aire en el tejado y las paredes están desconcha- das. Con la construcción del edificio a medio hacer, pasan los días en la cocina, que huele a café recién hecho y a cardamomo. En la parte de arriba, hay un pequeño cuarto de estar lleno de fotos y recuerdos. Kafra tuvo seis hijos. Le acompañan ahora dos de ellos, tres nietos y un biznieto. Todas las cerraduras de las puertas están rotas y forzadas. Un grupo de soldados israelíes entraron por la noche en el pasado mes de mayo, el mismo mes del Nabka, la catástrofe pero sesenta y seis años después. Registraron toda la vivienda y se llevaron con ellos a Alaa, uno de los nietos de Kafra. La madre del chico señala su fotografía en lo alto de una estantería, rodeada de peluches y tallas de madera que representan el mapa de Palestina.

“Desde ese día no hemos vuelto a saber nada de él.” Se lamenta Motasem, uno de sus hermanos

“La vida en el campamento es dura”- continúa contando el nieto de la anciana - “Siempre nos están vigilando, hay restricciones de luz y agua, y el trabajo escasea”.

Kafra tiene muchas ganas de hablar, de contar sus recuerdos. Su memoria le lleva a al campo de olivos que rodeaba su aldea. Mueve los brazos cuando recuerda la feliz sensación de comunidad que tenía, cuando se reunía con otras mujeres para moler los garbanzos y las semillas de sésamo, mezcladas con hierbas y aceite de los olivos para hacer humus, una receta típica de Oriente Medio.

- “Ahora temo por mis nietos”. Dice con un tono afligido. “No tienen trabajo, ni forman una familia. Tienen miedo”

Motasem sienta a su abuela en una silla y le pone sobre el respaldo una kufiyya, el pañuelo tradicional palestino. Después saca de un cajón una llave vieja y grande. Una llave con historia. La llave del verdadero hogar de la familia Al-Fande. Es el retrato del éxodo. En su rostro hay lágrimas y la voz le tiembla. Kafra tiene un sueño:

- “Solo espero volver algún día a mi casa”

Foto: Las escaleras de la casa de la familia AlFande en el campo de refugiados de Dheisheh en Belén. 

Foto: La familia Al Alfande en su casa en el campo de refugiados de Dheisheh en Belén.

 

Foto: La foto del nieto de Kafra, capturado por el ejército israelí una noche el pasado mes de mayo y en prisión actualmente. No saben nada de él. 

Una de las puertas de la casa, destrozada tras la entrada del ejército esa misma noche. 

Foto: Vista del campo de refugiados de Dheisheh en Belén desde el tejado de la familia Alfande. 

Foto: Ropa de la familia tendida en la parte superior de la casa todavía en construcción. 

Sobre la autora: María Torres-Solanot, es fotoperiodista especializada en derechos humanos y reportajes en zonas de conflicto. Puedes conocer más del trabajo de María Torres-Solanot en su sitio web, en twitter como @mariatuareg y en el proyecto Open Cameras

Fuente: Maria Torres-Solanot, para Palestinalibre.org