2017 · 05 · 19 • Fuente: Zeev Sternhell זאב שטרנהל , Tlaxcala (Traducción: Javier Fernández Retenaga)

Europa empieza a hartarse de Israel

Solo cuando los israelíes empiecen a sentir que debido a la ocupación ya no son recibidos en Europa como iguales, será esa entonces la cuestión principal en las elecciones.

Netanyahu y el ministro alemán de Exteriores,Siegmar Gabriel. (Rainer Hachfeld, Neues Deutschland)

No solo Breaking the Silence y B‘tselem, sino todas las organizaciones pro derechos humanos, deben estar agradecidas al Primer ministro Benjamin Netanjahu y a sus acólitos, el ministro de Cultura y Deportes, Miri Regev, y a la viceministra de Asuntos Exteriores, Tzipi Hotovely, de haberlas situado en la escena mundial como figuras clave de la política israelí. Los encuentros de estos grupos con diplomáticos extranjeros muestran que el mundo exterior, los Gobiernos y los medios de comunicación conceden mayor credibilidad a la sociedad civil israelí que a los portavoces del Gobierno.

 

El incidente con Alemania muestra que el mundo empieza a hartarse de Israel, de su hipócrita mojigatería, de sus resbaladizos e inconsistentes argumentos, de su ceguera ante el sufrimiento del pueblo palestino y su indiferencia por los derechos humanos, de su cinismo con respecto al apartheid en los territorios ocupados. Por eso hay que plantearse otra cuestión de decisiva importancia: el grado de responsabilidad personal de todos los ciudadanos israelíes por todo lo que acontece en los territorios ocupados. La ocupación no es un asunto que concierna solo a colonos impulsados por motivos ideológicos, a fanáticos rabinos de Cisjordania y a matones sin escrúpulos, no solo a los judíos que han decidido vivir en los territorios ocupados por conveniencia o necesidad, por razones de trabajo o por el bajo precio de la vivienda. La ocupación se incluye dentro del ámbito de responsabilidad personal de cada uno de nosotros. Todos somos culpables, porque todos hemos permitido que se produzca, porque no hemos luchado ni nos hemos alzado contra ella, y la mayoría de nosotros incluso la hemos apoyado en la práctica cuando hemos votado al Partido Laborista de Shimon Peres, el patrocinador del asentamiento de Elon Moreh. Entonces hubiera sido relativamente fácil acabar con la ocupación, pero demasiados de nosotros la veíamos como una continuación de la tradicional actividad sionista de tomar el control del terreno.

Ahora, 50 años después de junio de 1967, todos nosotros vivimos bastante bien con los asentamientos, pues ninguno hemos resultado dañado por ello. Hasta ahora a ningún israelí se le ha negado la entrada en ningún país por ser cómplice del régimen de apartheid en los territorios ocupados. Mientras continúe siendo posible exportar bienes de esos territorios, abiertamente o de alguna otra manera, las protestas en las capitales europeas no tendrán ningún efecto.

Todo el mundo reconoce que mientras los israelíes no se vean afectados personalmente, en sus bolsillos y en su comodidad, mientras por ejemplo puedan satisfacer el capricho de viajar el fin de semana a Londres para ver un buen espectáculo o un partido de fútbol de calidad, no tendrán ningún motivo para irritarse por los planes de anexión de los terrenos situados entre Jerusalén y Ma’ala Adumim. Pero si para viajar a Europa tuvieran que esperar un mes para obtener un costoso visado*, quizá los israelíes empezáramos a pensar en términos de costes y beneficios.

La conclusión es que solo cuando los israelíes comiencen a sentir que ya no son recibidos en Europa como iguales debido a la ocupación y a la construcción de asentamientos en los territorios ocupados, la ocupación se introducirá en nuestra agenda y se convertirá en el asunto central en las elecciones. Solo entonces la mísera “oposición” se verá obligada a decidir entre luchar por nuestro futuro o continuar capitulando ante la demagogia mientras se oculta tras sus inconsecuencias.

* Quienes poseen pasaporte israelí no necesitan visado para la zona Schengen ni Gran Bretaña, al contrario que la mayoría de los ciudadanos de países extracomunitarios, que han de pagar por él 60 € (zona Schengen) o entre 125 y 1100 € (Gran Bretaña), cantidad que no les es reembolsada en caso de que la solicitud sea rechazada. [Nota de Tlaxcala].

Fuente: Europe is beginning to tire of Israel

Fecha de publicación del artículo original: 05/05/2017

Fuente: Zeev Sternhell זאב שטרנהל , Tlaxcala (Traducción: Javier Fernández Retenaga)