2017 · 08 · 29 • Fuente: Dr Daud Abdullah, Middle East Monitor en Español

La educación, un derecho que se les niega a los niños palestinos por culpa de Israel

Los palestinos se dieron cuenta hace tiempo de que su libertad está intrínsecamente vinculada con la educación.

Niñas palestinas salen de la escuela después de los ataques aéreos israelíes contra Gaza, el 27 de febrero de 2017 [Ali Jadallah - Anadolu Agency]

¿Recuerdas la emoción del primer día de colegio? ¿La alegría de pasar a una nueva clase, de ver a viejos y nuevos amigos y de reconectar con los profesores? Todos eran parte de la experiencia que, para la mayoría de la gente, hizo de la educación primaria y secundaria algo agradable y gratificante. Sin embargo, para muchos de los 1.250.000 niños palestinos que empezaron el nuevo curso académico la semana pasada, la ocasión no estuvo a la altura de tales expectativas.

En algunos casos, llegaron a encontrarse con su escuela derribada por el ejército de ocupación israelí. Al menos 55 escuelas en la Cisjordania ocupada están bajo amenaza de demolición. Además, muchos alumnos llegaron llenos de esperanza al nuevo curso, sólo para descubrir que cientos de sus compañeros languidecen en cárceles israelíes. En la Jerusalén ocupada, otros muchos recibieron la noticia de que sus profesores habían sido despedidos por supuesta “incitación”.

En cuanto a los niños de la Franja de Gaza, su desafío es otro completamente diferente. El asedio de ya 10 años de Israel continúa empujándoles hacia el límite. La electricidad escasea; miles estudian a la luz de las velas, cuando consiguen velas; y, para empeorarlo todo, la autoridad de Ramala ha obligado a decenas de profesores a jubilarse con anticipación y ha dejado de pagar los salarios a otros cientos.

Existen ciertos paralelismos obvios entre la realidad palestina y la experiencia de los afroamericanos. En el auge del movimiento por los derechos civiles en 1964, el reverendo Martin Luther King Jr. destacó el valor de una buena educación: “La educación es uno de los derechos más difíciles de alcanzar para los negros, precisamente porque es el camino hacia la igualdad y la ciudadanía”, dijo King.

“La falta de una educación igualitaria para los negros es parte del diseño histórico para aislarnos en el estatus de segunda clase. Por lo tanto, mientras los negros luchan por la libertad, deben luchar por la oportunidad de una educación decente”. Martin Luther King, durante la Marcha sobre Washington del 28 de agosto de 1963 [Rowland Scherman / US National Archives]

Como ocurrió en el Estados Unidos segregado, las sucesivas generaciones de palestinos han sido privadas de la oportunidad de una educación apropiada, simplemente porque sus opresores – Israel y sus aliados – creen que es la mejor manera de subyugarlos. Aún así, los palestinos se dieron cuenta hace tiempo de que su libertad está intrínsecamente vinculada con la educación.

Hace tres años, una joven palestina, Eqbal Assad, de 20 años, se convirtió en la médica más joven del mundo; su logro llegó al Libro Guinness de los Récords. Eqbal, hija de una familia de refugiados en el valle de Bekaa, Líbano, se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell, en Qatar, con tan solo 14 años.

Del mismo modo, el año pasado, Hanan Al-Hroub, criada en el campamento de refugiados de Dheisheh, a las afueras de Belén, ganó el Premio Global de Maestros de la Fundación Varkey. Empezó con la enseñanza después de que tres de sus hijos – dos gemelas y un niño, de nueve y seis años respectivamente – fueran disparados por soldados israelíes en octubre del 2000. Su propia exposición a la violencia en el campamento le ayudó a desarrollar las técnicas con las que trabaja con niños traumatizados por los excesos de la brutal ocupación militar de Israel.

Si se les diese la oportunidad de perseguir sus sueños educativos, incontables niños palestinos igualarían, o incluso quizás superarían, los logros de Eqbal y Hanan. Esto es lo que hace de su educación algo tan reprensible. Cuando los primeros sionistas presionaron a los gobiernos europeos para apoyar su colonización de Palestina hace 100 años, afirmaron que allí formarían un “puesto avanzado de civilización, opuesto a la barbarie”. La denegación a la educación de hoy en día para los palestinos indígenas confirma que estas afirmaciones eran un engaño para convencer a los líderes de Europa. Pocas cosas son más bárbaras que negarles a los niños su educación.

La experiencia de los palestinos en el pasado, presente y futuro próximo debe servir de advertencia para los países de África y Latinoamérica que están siendo tanteados por el actual gobierno israelí con promesas de “ayuda y desarrollo”. Están mintiendo, tienen objetivos más nefastos; cuidado con los regalos de los sionistas.

Además, una minoría de individuos influyentes siempre preferirá no desafiar estos asaltos contra los derechos de los palestinos. Mientras proporcionan a sus niños y ciudadanos la mejor educación posible, hacen oídos sordos a la situación en la Palestina ocupada. El ex Primer Ministro británico Tony Blair es uno de ellos. Su eslogan electoral, “educación, educación, educación”, está ahora canonizado en The Oxford Dictionary of Thematic Quotations. Sin embargo, bajo su posición de enviado de paz a Oriente Medio, Israel desarrolló aún más la mecánica de ocupación utilizada para negarles a los niños palestinos una educación decente. Vale la pena recordar que los niños palestinos han sido atacados y asesinados en sus pupitres, y que sus escuelas han sido bombardeadas por Israel con bombas de fósforo.

Sin embargo, a pesar de todo, la solidaridad internacional con Palestina y su pueblo crece cada día. De la misma manera que los empresarios e instituciones conscientes de la situación han retirado las empresas que se benefician de la ocupación israelí en Palestina, podemos confiar en que, tarde o temprano, las universidades e instituciones culturales boicotearán a sus homólogas israelíes, así como los eventos culturales y deportivos en los que participen israelíes.

La educación es un derecho universal, no un privilegio. Todo niño, independientemente de su raza, religión o color, tiene derecho a ser educado. La negación de este derecho en Palestina ha de ser una cuestión de interés internacional. Durante su lucha contra el apartheid sudafricano, Nelson Mandela dijo una vez: “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”. Ahora, en la lucha global contra el apartheid israelí, debemos hacer todo lo posible para asegurar una educación decente para los niños palestinos.

El Dr. Daud Abdullah es el director de Middle East Monitor/Monitor de Oriente

Fuente: Dr Daud Abdullah, Middle East Monitor en Español