2017 · 09 · 25 • Fuente: Nazanín Armanian, Público - España

La masacre de Sabra y Chatila, el plan B de Israel

Los días 15, 16 y 17 de septiembre de 1982, el campo de refugiados palestinos de Sabra y el barrio de Chatila se tiñeron de sangre: las milicias de la Falange Libanesa, con el apoyo logístico del ejército israelí, masacraron, según el periodista israelí Amnon Kapeliouk, entre 3.000 a 3.500 palestinos.

Una masacre planeada

. El 6 de junio de 1982, Israel utiliza de pretexto el atentado perpetrado contra su embajador en Londres, Shlomo Argov, y cumple con su plan de invadir el sur del Líbano para acabar con la guerrilla de la OLP, y eso a pesar de que el Mossad ya había informado al gobierno de Menahem Begin de que el autor era el grupo palestino de Abu Nidal, enemigo de Arafat.

. En el mes de Agosto: EEUU, con el fin de proteger a Israel, llega a un acuerdo con Yaser Arafat para que la dirección de la OLP y sus guerrilleros abandonen Beirut.

. 1 de septiembre: los marines de EEUU son desplegados en el Líbano para supervisar la salida de la OLP y garantizan por escrito la seguridad de cientos de miles de civiles palestinos refugiados en el Líbano. Arafat es enviado a Grecia y cientos de fedaínes palestinos son repartidos entre varios países árabes.

. 10 de septiembre: los marines de EEUU, tras asegurarse también de la retirada de las tropas sirias, abandonan el Líbano, abandonan este país.

. 14 de septiembre: es asesinado el presidente católico-maronita del Líbano, Bashir Gemayel, del Partido de la Falange Libanesa, y aliado de Israel. El supuesto autor Habib Shartouni era un cristiano maronita del Partido Social Nacionalista de Siria. ¿A quién beneficiaba la desaparición de Gemayel? ¿A Siria de Hafiz al Assad que pretendían provocar la salida de OLP del Líbano? ¿A sus rivales dentro del partido falangista como Samir Geagea y a Amine Gemayel, su hermano que le sustituye en la presidencia como si esto fuese una monarquía feudal? ¿A Israel que así presentaba a Siria y palestinos como terroristas? Con este magnicidio fracasa el plan israelí de hacerse con el control del Líbano en alianza con la Falange, por lo que pone en marcha el plan B:

. 15 de septiembre: una turba de 150 hombres falangistas (con un historial lleno de de atrocidades contra los palestinos), equipados con machetes, armas de fuego y tanques asaltan Sabra Y Chatila atacando a miles de niños, ancianos, mujeres y discapacitados, “vengando el asesinato de su líder”, afirman. Durante tres interminables días, estas fuerzas fascistas despojadas de piedad, de compasión, de empatía, con una brutalidad inusitada, golpearon, torturaron, mutilaron y violaron a las mujeres antes de matarlas, mientras Ariel Sharon, al mando del ejército israelí (que irónicamente lleva el nombre de Tsahal “ejército defensivo”, para confirmar el dicho “dime de qué presumes, y te diré de qué careces), rodeaba con tanques el campo de refugiados palestinos de Chatila y el vecino barrio de Sabra en Beirut Occidental, cerrando las salidas para impedir la huida de aquella gente aterrorizada.

¿Desde cuándo se puede matar a unas 3.500 personas inocentes por la muerte de una persona? ¡Hasta el código primitivo de Hammurabi propone el “ojo por ojo”, para evitar los castigos colectivos! Este mismo día, Israel viola el acuerdo de alto al fuego, y cumple con su plan de ocupar el oeste de Beirut, que incluyen los campos. La justificación de Begin ante el enviado estadounidense Morris Draper es que, si no lo hubieran hecho, “podría haber pogramos” en el Líbano, aunque no le contó que iban a ser ellos mismos quienes llevarían a cabo este nuevo capítulo de la limpieza étnica palestina. El día 16, Israel les entrega a los ‘falangistas buldóceres’ para eliminar los cuerpos de las víctimas, mientras decenas de supervivientes malheridos son trasladados a un estadio de fútbol para ser interrogados por los agentes de inteligencia israelíes. Después, algunos de los secuestrados fueron hallados ejecutados.

Israel con esta ‘pedagogía del terror’ pretendía no sólo impedir que los palestinos se organizaran para recuperar sus tierras ocupadas, sino erradicar la cantera de luchadores de la OLP, y transformar al Líbano en un aliado gobernado por la extrema derecha católica.

. 18 de septiembre: Draper envía un mensaje a Sharon declarando que “deberían estar avergonzado. La situación es terrible. Están matando a niños. Usted tiene el control absoluto de la zona, y por lo tanto responsable de la situación”. Pero, su “indignación” sólo fue verbal. Con tan sólo una llamada telefónica de Reagan, Begin se hubiera visto obligado a parar aquella carnicería y no lo hizo.

. Tras la masacre, EEUU envía a los marines de vuelta al Líbano: así podrá vigilar las actividades de miles de hombres armados del grupo Hezbolá, el partido de dios, respaldados por Ruhollah Jomeini, quien había repudiado a Arafat, por no tener el programa de instalar un Estado Islámico en la futura Palestina reconquistada, y por su alianza con los ateos palestinos en la OLP.

Ante el horror, el mundo miró para otro lado. Hasta hoy, ningún dirigente de ningún país del mundo, ni de los estados árabes o musulmanes, han visitado las fosas comunes de cerca de 600 víctimas.

Los responsables de esta mascare se quedaron impunes. Incluso, Sharon, “el Carnicero de Beirut”, consiguió con esta limpieza hacer carrera política: será ministro y llegará a ser el primer ministro de Israel (2001- 2006).

Y el dato: en enero de 2002, el líder falangista que dirigió la operación de la masacre, Elie Hobeika, es asesinado en un atentado en Beirut. Había anunciado que estaría dispuesto a testificar contra Sharon (entonces primer ministro) en un posible juicio por crímenes de guerra en Bélgica. ¡No se encontró a su asesino!

EEUU e Israel, con el respaldo de sus aliados europeos, árabes y otros, siguen avanzado en su proyecto del Nuevo Oriente Próximo que, destruyendo a naciones y estados enteros (Irak, Yemen, Libia y Siria), pretenden configurar un mapa a la medida de sus intereses. Mientras, miles de familias palestinas huirán de un país a otro en busca de un cobijo, víctimas de los infames intereses de Estados, partidos y grupos.

Fuente: Nazanín Armanian, Público - España