2018 · 01 · 10 • Fuente: Marco Antonio Barroso Mendizábal, Correo del Sur

Palestina importa

Gaza es, literalmente, la mayor prisión del planeta, en la que Israel (con la colaboración del régimen golpista egipcio) confina a más de 1,8 millones de personas

La Franja tiene los días contados, en la medida en que los escasos acuíferos existentes están agotados y las aguas residuales a punto de desbordarse y crear una situación de salud pública insostenible. Todo ello mientras cualquier cifra sobre desempleo queda superada de inmediato por una realidad que Israel impone y que ninguna autoridad local (sea Hamás o la Autoridad Palestina) puede contrarrestar, al tiempo que las diarias operaciones de castigo y las violaciones del derecho internacional llevadas a cabo por la potencia ocupante incrementan sin freno la desesperación de los gazatíes y disparan las opciones violentas en represalia.

La UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en Oriente Medio) vive una situación de déficit estructural que no hace más que agravarse con el paso de los años, lo que pone en cuestión su capacidad para prestar servicios básicos a los ya más de 5,4 millones de refugiados palestinos en sus cinco zonas de actividad (Jordania, Líbano, Siria y el Territorio Ocupado Palestino de Gaza y Cisjordania). La UNRWA, se nutre de las aportaciones voluntarias de los países miembros de la ONU y estas no hacen más que reducirse paso a paso. Con un presupuesto global que ya queda por debajo de los 1.000 millones de dólares (de 1.453 en 2016 se ha pasado a una previsión de 964 para 2017).

Trump, quien se considera a sí mismo un “genio estable”, y su representante en las Naciones Unidas, Nikki Haley, han optado por apretar un poco más las tuercas a los palestinos y a quienes se atrevan a visibilizar algún tipo de apoyo a su causa. Así, con el trasfondo de la amenaza de cortar toda ayuda a los países que han decidido mostrar su rechazo a una decisión tan perniciosa como la declaración de Jerusalén como capital de Israel, el 2 de enero del 2018 redoblaron su amenaza de cortar toda ayuda a los palestinos, dado que no muestran voluntad de reanudar la negociación con Israel. Una negociación que, en el fondo, apenas disimula que se trata de una imposición de los términos de la propuesta proisraelí que la propia Casa Blanca está diseñando y que supone, de hecho, la inviabilidad de un Estado palestino digno de tal nombre.

De llevarse a efecto esta amenaza, el colapso de Gaza será inmediato. Una perspectiva dantesca que incluso ha llevado al propio Ministerio de Exteriores israelí (con Benjamín Netanyahu al frente) a mostrarse escasamente entusiasmado, consciente de que una situación de tal magnitud supondría un nivel de radicalización y descontrol que no interesa ahora mismo a Tel Aviv. Eso no ha impedido, en todo caso, que líderes tan notorios como Yair Lapid –máximo dirigente del partido de centroizquierda Yesh Atid, con aspiraciones de desbancar al propio Netanyahu– apoye la propuesta estadounidense, dando el paso definitivo para desmantelar a una UNRWA que considera un escudo de terroristas y la responsable que haber generado un colectivo tan amplio de refugiados palestinos.

Si Netanyahu no se ha animado a mostrar abiertamente su apoyo a su fiel aliado estadounidense no es, obviamente, por un prurito ético o por una repentina simpatía por la UNRWA. Lo que explica su comedida reacción es la convicción de que el tiempo ya corre a su favor, como resultado de su propia acción diaria para hacer insoportable la vida a los palestinos, del apoyo explícito de Washington y de la pasividad del resto de la comunidad internacional (Unión Europea y países árabes incluidos). En definitiva, no necesita acelerar un proceso que le acerca a su objetivo de dominar totalmente la Palestina histórica. Y a nadie importa ya que así ocurra.

Fuente: Marco Antonio Barroso Mendizábal, Correo del Sur