2018 · 08 · 07 • Fuente: Pedro Garcia Hernandez, Agencia Prensa Latina

El selectivo espionaje israelí contra Siria

Una y otra vez, con una actitud prepotente y desafiante frente a cualquier regla, el espionaje israelí ataca a Siria de manera selectiva y asesina a científicos e intelectuales, según revelan hoy los más recientes informes.

Hasta el diario estadounidense The New York Times, ejemplo mediático de una aparente imparcialidad, apunta que el Mossad, servicio de inteligencia del régimen de Tel Aviv es el autor del asesinato del científico sirio Aziz Esber.

Director del Centro de Investigaciones Científicas en Myssiaf, unos 200 kilómetros al norte de la capital siria, Esber estaba dedicado a programas vinculados con la defensa del país y también a proyectos de carácter civil.

Como siempre ocurre, y The New York Times se cuida de enfatizarlo,, la desinformación mediática desde Occidente lo vincula a la producción de armas químicas y lo define como amigo del presidente Bashar Al Assad.

Nada, que lo primero es desinformar, crear una imagen distorsionada de la realidad, escamotear la verdad y no aludir jamás a que el destacado profesional andaba solo, solamente con su chofer y vivía como toda persona normal en la mencionada ciudad.

La saña de la acción, muy similar a los métodos tradicionales de los terroristas, fue explotar el coche de Esber y continuar la destrucción de la infraestructura científica de Siria puesto que el Centro de Myssiaf fue atacado por Israel en el 2017, sin mayores consecuencias.

No hay nada nuevo sobre el tema, el Mossad israelí, con la activa cooperación de los servicios de inteligencia de Estados Unidos y el Reino Unido ponen en funcionamiento cada vez más una red de sabotaje y asesinato selectivos, justo cuando las bandas terroristas son desalojadas de buena parte del país.

A partir de 1951, cuando se creo ese organismo, cuyo rimbombante nombre oficial: Instituto para la Investigación, la Información y los Asuntos Especiales apenas se utiliza, los planes contar el mundo árabe y en especial, Siria, cosnstituyen una prioridad absoluta.

Desde la época de Elí Cohen, infiltrado por un buen tiempo en Siria en los años 60, descubierto y ejecutado en Damasco, la labor de inteligencia y sabotaje contra la infraestructura de esta nación del Levante aumenta y vuélvese más selectiva.

Aún en medio de la guerra impuesta desde el 2012, fueron asesinados junto a su familia, científicos como Nabil Zuqueib y Abdulkarem Khalil, entre otros y combinados con brutales atentados contra instituciones culturales e instalaciones de desarrollo.

De esa manera, entrenaron, prepararon y abastecieron a grupos especializados pertenecientes en particular al otrora Frente Al Nusra y del Estado Islámico, Daesh, junto al robo de valiosas piezas arqueológicas, la manipulación en las redes informáticas y la penetración en sectas religiosas de cualquier base confesional.

Cada teoría conspirativa, al estilo cinematográfico o literario creados por Steven Spielberg o Dan Brown-el autor del Código Da Vinci- quedan muy por debajo de una realidad que promueve el espanto y al terror.

Fuente: Pedro Garcia Hernandez, Agencia Prensa Latina