2018 · 11 · 05 • Fuente: Jonathan Cook, The National / Rebelión (Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

La economía de Gaza se desploma y con ello cualquier esperanza de paz

Según un nuevo informe del Banco Mundial, Gaza se acerca rápidamente al momento temido durante mucho tiempo. Después de una década de bloqueo israelí y de una serie de ataques militares a gran escala la economía de este diminuto enclave costero está en “caída libre”.

El Banco Mundial hizo una descripción alarmante de la crisis de Gaza durante una reunión de donantes internacionales celebrada en Nueva York el jueves [27 de septiembre de 2018] coincidiendo con la reunión anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La tasa de paro es ahora casi del 70 % y la economía se retrae a una velocidad cada vez más rápida.

Según se informó a los países asistentes al Comité Especial de Enlace, aunque la situación en Cisjordania todavía no es tan grave, no está muy lejos de serlo. El colapso de Gaza podría provocar la quiebra de todo el sector banquero palestino. Como respuesta, Europa se apresuró a aportar un paquete de ayuda de 40 millones de euros, pero esta ayuda unicamente permitirá abordar la crisis humanitaria de Gaza, no la crisis económica, al mejorar los suministros de electricidad y de agua potable.

Nadie duda de las inevitables secuelas de la crisis económica y humanitaria que atenaza Gaza. Los cuatro integrantes del Cuarteto encargado de supervisar las negociaciones entre Israel y los palestinos (Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU) emitieron una declaración en la que advertían que era de vital importancia impedir lo que ellos calificaron de “escalada aún mayor” en Gaza.

El ejército israelí comparte esta preocupación. Ha informado acerca de un descontento cada vez mayor entre los dos millones de personas que habitan este enclave y cree que Hamas se verá obligado a una confrontación para salir de la camisa de fuerza impuesta por el bloqueo.

En las últimas semanas se han retomado y aumentado las protestas masivas a lo largo de la frontera de Gaza tras el paréntesis estival. El viernes [28 de septiembre de 2018] los francotiradores israelíes asesinaron a siete manifestantes palestinos, incluidos dos niños, y cientos de personas resultaron heridas.

Con todo, la voluntad política para remediar esta situación parece tan atrofiada como siempre. Nadie está dispuesto a hacerse responsable de la bomba de relojería que es Gaza. De hecho, parece que las principales partes implicadas capaces de cambiar las cosas pretenden permitir que continúe el deterioro.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha ignorado las continuas advertencias de su propio ejército acerca de la amenaza de una explosión en Gaza. En vez de ello, Israel mantiene el bloqueo tan férreo como siempre e impide la entrada y salida de mercancías del enclave. La pesca está limitada a tres millas de la costa en vez de la zona de 20 millas que se acordó en los Acuerdos de Oslo. Se ha informado de que cientos de empresas han cerrado a lo largo de este verano.

La reciente decisión del gobierno Trump de suprimir la ayuda a los palestinos, incluida la ayuda destinada a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos, la UNRWA, agrava los problemas del enclave. Esta agencia desempeña un papel fundamental en Gaza ya que proporciona comida, educación y asistencia médica a casi dos terceras partes de la población. El presupuesto destinado a la alimentación se suprimirá en diciembre y el destinado a la educación a finales de octubre. Cientos de miles de niños hambrientos sin un lugar en el que pasar el día no pueden sino incrementar las protestas y las muertes.

El presidente de la Autoridad Palestina (AP) Mahmoud Abbas, cuya sede central está en Cisjordania, no tiene incentivo alguno para ayudar. La catástrofe que se está produciendo lentamente en Gaza le sirve para presionar a Hamas para que se someta a su control. Por eso la Autoridad Palestina ha reducido en 30 millones de dólares (11 millones de dirhams) al mes el dinero que trasfiere a Gaza.

Pero aunque Abbas quisiera ayudar, carece de los medios para hacerlo. Los recortes estadounidense son un castigo por haberse negado a aceptar el supuesto plan de paz del presidente estadounidense Trump, el “acuerdo del siglo”. El Banco Mundial señala que Israel ha aumentado las dificultades de Abbas al negarse a transferir los impuestos y derechos de aduana que recauda en nombre de la AP.

Y la última parte implicada, Egipto, es reticente a aminorar su propia presión sobre la reducida frontera que tiene con Gaza. El presidente egipcio Abdel Fattah El Sisi se opone a ayudar tanto a sus propios oponentes islamistas como a Hamas.

El impasse unicamente es posible porque ninguna de las partes está dispuesta a dar prioridad al bienestar de Gaza. Esto quedó muy claro este verano cuando El Cairo, apoyado por la ONU, abrió un canal de comunicación entre Israel y Hamas con la esperanza de acabar con sus cada vez mayores fricciones. Hamas quería que se levantara el bloqueo para revertir el declive económico de Gaza, mientras que Israel quería que acabaran las protestas semanales y las perjudiciales imágenes de francotiradores asesinando a manifestantes en su mayoría desarmados. Además, Netanyahu tiene interés en mantener a Hamas en el poder en Gaza, aunque tenga poco, para consolidar la división geográfica con Cisjordania y la ideológica con Abbas.

No obstante, las negociaciones se interrumpieron discretamente a principios de septiembre después de que Abbas rechazara a los egipcios. Insistió en que la Autoridad Palestina era el único interlocutor para discutir el futuro de Gaza. Así que una vez más El Cairo está poniendo sus energías en un intento fallido de reconciliar a Abbas y a Hamas.

En la Asamblea General de la ONU Trump prom etió que en los próximos dos o tres meses se daría a conocer su plan de paz y por primera vez hizo explícito su apoyo a la solución de los dos Estados, que afirmó “funcionaría mejor”. Netanyahu lo apoyó vagamente al tiempo que señalaba: “Todo el mundo define el término ‘Estado’ de forma diferente”. Y añadió que su definición exige que no se elimine ninguna de las colonias judías ilegales de Cisjordania y que cualquier futuro Estado palestino esté bajo el total control de israelí en materia de seguridad.

Se afirma que Abbas aceptó durante el verano que si llegaba a existir un Estado palestino estaría desmilitarizado. En otras palabras, no se podría reconocer como un Estado soberano.

Hamas ha hecho importantes concesiones a su doctrina original de resistencia armada para asegurar toda la Palestina histórica. Pero resulta difícil imaginar que esté de acuerdo con una paz en esos términos, lo que hace que en estos momentos sea inconcebible la reconciliación entre Hamas y Abba y que el alivio para la población de Gaza esté tan lejos como siempre.

Acerca del autor: Jonathan Cook es un periodista freelance residente en Nazareth.

Fuente: As Gaza's economy collapses, so does any hope of peace

Fuente: Jonathan Cook, The National / Rebelión (Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos