2018 · 11 · 30 • Fuente: Iván Adler, El Periódico

Así se vive el fútbol en en un campo de refugiados en Cisjordania

La grandeza del deporte rey se vive con una pasión única en Tulkarem, a miles de kilómetros del Camp Nou. El fútbol cumple una función terapeutica en esta región donde se vive en condiciones de vida asfixiantes

Unos niños juegan a fútbol en las calles de Tulkarem.

En el campo de refugiados de Tulkarem, en Cisjordania, se comprueba mejor que en cualquier otro sitio que el fútbol es el deporte más popular del planeta. A miles de kilómetros del Camp Nou, del Parque de los Príncipes o del Etihad también se viven las esencias del fútbol. Basta con una pelota y una portería pintada en un muro para disfrutar jugando a ser por un rato Messi, Salah o Cristiano Ronaldo. Un escape para los refugiados palestinos a los que también les llegan ecos del fabuloso negocio y los contratos multimillonarios.

Para acercarse a esta realidad se aconseja contactar con los periodistas Helena Bengoetxea e Iván Pastor y el fotógrafo Joseba Zabalza, el tridente que impulsa el proyecto "Markaz Tulkarem, el retorno del equipo refugiado", para el que buscan fondos con un 'crowdfounding', en el que relatan una experiencia de dos meses en este campo de refugiados fundado hace nada menos que 70 años. La vida a través del modesto club bautizado como Markaz Tulkarem.

Goleador e inflador de globos

Tuvieron la suerte de coincidir con el ascenso del Markaz a primera división. "Fue épico. El campo rebosaba de amarillo, que es el color del equipo. Ascendieron con un gol en el minuto 89 y, el que hizo el tanto, al otro día estaba inflando globos, su otro trabajo", nos cuenta Iván.

Claro, los jugadores del Markaz necesitan otros trabajos para poder subsistir. Limpiando habitaciones de hospitales, repartiendo periódicos... Maan, el héroe del ascenso, volvió al día siguiente a su trabajo como si nada, ganadóse la vida en un parque inflando globos para venderlos.

Aficionados del Markaz Tulkarem celebrandola victoria de su equipo JOSEBA ZABALZA

En Tulkarem, hay dos equipos. El de la ciudad, que sería el "equipo rico", el Thagafi Tulkarem. Y el del campo, el "equipo pobre", el Markaz Tulkarem. "Un partido de fútbol del Markaz en el campo es muy diferente al otro fútbol ideal y millonario. Refleja el sentido de comunidad que hay. La mayoría de los jugadores viven en el campo de refugiados. Sus amigos también viven ahí y son los aficionados del equipo. Entonces no existe eso de ser un jugador estrella. Ellos también tienen esa pasión y ese sentimiento que los saca un poco de la realidad asfixiante en la que viven", dice Iván Pastor.

Ligas entre fronteras

No es fácil vivir con la sensación de guerra constante con un conflicto bélico muy difícil y complicado como el de Israel con Palestina. "En el campo de refugiados viven en condiciones de hacinamiento y muy bajos recursos. Los ahogan. El fútbol allí es muy importante porque es terapeútico para sus habitantes", según cuenta Helena Bengoetxea.

Allá las ligas se juegan de manera intermitente por los conflictos. Hay varias ligas en Palestina debido a que los diferentes territorios están incomunicados. Las ligas son reguladas por la federación palestina de fútbol, que regula tanto la liga de Gaza como la de Cisjordania. A veces, si pueden, juegan una final entre ellos. Eso depende de si pueden atravesar los 'checkpoints', y eso está sujeto al soldado israelí que se encuentre allí.

Joseba Zabalza, Helena Bengoetxea e Iván Pastor, en Jerusalén.

"La hospitalidad que nos dieron fue total. Tienen muchas ganas de vivir y de que se conozcan sus historias. Pero viven en constante situación de peligro", explica Helena. Esto indica porque el fútbol es terapéutico. Los quita de esa realidad. "Viven con muchos problemas psicológicos y psiquicos por la presión que tienen de salir adelante", agrega.

Es un territorio difícil para vivir. "En Israel los pueden encarcelar a los palestinos sin razón alguna y es legal. El presidente, el entrenador y algunos jugadores estuvieron mucho tiempo en prisión porque sí", comenta Iván.

Sin embargo, aquel es un fútbol sin contaminar. Los millones en derechos de televisión y de publicidad no existen. Lo único que moviliza a la gente es la pasión por la pelota y el placer por jugar. Ni hace falta un terreno de juego. Alcanza con un arco pintado en una pared.

Iván Pastor, Helena Bengoetxea y Joseba Zabalza están recaudando fondos mediante una campaña de 'crowdfounding' para poder realizar su fotolibro y hacer una exposición itinerante. Más información sobre la campaña en: Markaz Tulkarem, el retorno del equipo refugiado

Fuente: Iván Adler, El Periódico