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Crónicas Palestina (I): Desde Ramalá, Cisjordania

Fuente: Mario Casartelli, Última Hora (Paraguay)

Hubiese preferido omitir mi experiencia en el aeropuerto David Ben Gurion. Pero es inevitable mencionar que cuando revisaron mi pasaporte, en el cual figura mi anterior viaje a Líbano y Siria, autoridades israelíes me demoraron con preguntas sobre las razones de mi actual visita a Cisjordania, donde fui invitado por el gobierno palestino. Me autorizaron salir, no sin antes advertirme que Ramala es una ciudad "muy peligrosa".

Rumbo previo a Jerusalén, ciudad donde conviven de algún modo -y disputan por ella- ambos pueblos, se perciben carteles escritos todos en hebreo, árabe e inglés.

El taxista palestino me explica que en esa ciudad se mezclan árabes y judíos, bajo estricta vigilancia policial Israelí. En los edificios similares de uno y otro sector, construidos sobre solido suelo rocoso, las piedras blancas revisten todas sus paredes, y cada techo sostiene numerosos tanques de aguas e instalaciones de energía solar. Maravilloso.

Sin embargo, a lo largo de la ruta se yergue de inmediato el muro construido hace pocos años por Ariel Shalom. La dilatada muralla es, para el gobierno Israelí, "solo defensa", aunque un grupo -también Israelí-- activista por la paz, denominado Gush Shalon, sostiene que "el muro no existe por la seguridad, es otro aspecto más de la ocupación".

Los palestinos, por su parte, la sienten como "una barrera más contra la paz y la esperanza". Le pregunto al taxista cuando llegara la paz. Y me responde: "No habrá paz".

Ya recorriendo las calles de Ramala, ciudad finalmente tranquila, donde ya todo está escrito solo en árabe y algo en inglés, el Mercado popular ofrece de todo, como nuestro Mercado 4 de Asunción. Pero, oh sorpresa, alcanzo una esquina donde un kiosko al aire libre exhibe inesperados libros, como los del recientemente fallecido gran poeta de la Resistencia Palestina, Mahmud Darwis, y otro de Gabriel Garcia Marquez, traducido al árabe.

Allí, la gente me comenta, entre otras cosas que hoy el problema crucial es el agua. Lo que leí al respecto antes de partir del Paraguay, me lo corroboran en la calle: "Escasea porque se la lleva todo el gobierno Israelí y luego nos vende a precios exhorbitantes". La vieja lucha por los recursos naturales.

Como contrapunto ante anécdotas desesperanzadoras, recuerdo con gratitud a Norma, una septuagenaria norteamericana de vastisima cultura, con quien he viajado desde Roma a Tel Aviv. Ella me conto, entre otras cosas, que vive hace décadas en Israel, y que abrazo la religión judía, al igual que su marido turco. Con suma inteligencia hizo referencia a los conceptos "filosóficos" del Tora, al igual que los dones indiscutibles del pueblo judío. Pero no quiso abordar el tema de la política del gobierno israelí. Nos prometimos compartir, en cualquier día, un café en Jerusalén. Ojalá.

2009-11-09 06:46:03

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