Fuente: Daniela Brik, Agencia EFE
En el barrio de Sheij Yarraj, en Jerusalén Este, la palabra "propiedad" adquiere un significado incierto, como el futuro de cuatro familias palestinas desahuciadas en los últimos meses por Israel y otras 24 que corren igual suerte.
Se trata de los Al Kurd, desalojados en octubre de 2008, los Hanún y los Al Ghawi, en agosto de 2009, y la familia Rafhq Al Kurd, en noviembre del año pasado, forzosamente expulsados de sus hogares por colonos judíos, o como en el último caso, víctimas de la ocupación de parte de sus inmuebles.
Todos los desalojos se produjeron tras resoluciones judiciales israelíes y después de que los palestinos agotaran todas las opciones legales.
Sin embargo, los vecinos de este barrio de mayoría árabe lamentan que estas medidas en realidad tienen un trasfondo político destinado a "judaizar" Jerusalén Este, donde aspiran a establecer la capital del futuro Estado palestino.
"Los tribunales israelíes y la policía apoyan a los colonos", se queja Maher Hanún, de 50 años, al recordar cómo hace seis meses la casa que le vio nacer era ocupada por judíos.
"Somos refugiados por segunda vez, pero ahora en nuestra tierra, a metros de nuestras casas", afirma y advierte que otros 300 vecinos temen ser igualmente expulsados.
Durante generaciones estas familias de refugiados de la guerra de 1948 han vivido en la zona, desde que en 1956 la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) y Jordania les entregaron las viviendas como parte de una iniciativa humanitaria.
El acuerdo estipulaba que tras el pago de una renta de tres años y el cumplimiento de varias condiciones podrían convertirse en propietarios, aunque nunca recibieron la escritura legal.
En 1967 Israel ocupa Jerusalén Este y el litigio por las casas comienza en 1972, cuando un comité sefardí presenta unos documentos que supuestamente demostraban que las parcelas habían pertenecido a familias judías.
Desde los años setenta Sheij Yarrah se convierte en foco de disputas, pues organizaciones judías toman y tratan de hacerse con inmuebles palestinos con el argumento de que eran propiedades judías antes del establecimiento de Israel.
Los judíos veneran desde hace siglos una tumba donde se cree descansan los restos de Simón el Justo, uno de los últimos miembros del Sanedrín, y numerosas familias judías poblaban la zona hasta que en 1948 la abandonaron tras varios ataques de milicias árabes.
Las viviendas habitadas por los refugiados y en tela de juicio son hoy hogar de unas 500 personas que tienen que convivir con unos cincuenta colonos judíos incrustados en un barrio donde cada centímetro cuenta en la lucha demográfica.
Pese a representar un 10 por ciento, su presencia es bien visible pues sobre los tejados colocan enormes banderas de Israel, candelabros judíos, así como puestos de vigilancia que no dejan lugar a dudas de quién habita el edificio.
"Los colonos tomaron parte de mi casa, llegaron 50 o 60, rompieron la puerta, cogieron todos los muebles y los sacaron fuera", relata Nabil Kurd, patriarca de una de las familias afectadas que tiene que "convivir" con una porción de su hogar literalmente tomada.
Según explica, el argumento del juez fue que había ampliado la vivienda de forma ilegal, lo que no impidió que fuera entregada a los colonos judíos que los sábados organizan multitudinarios rezos en defensa de su causa.
En 1972 un dictamen israelí permitía a los palestinos quedarse en las casas si aceptaban pagar una renta a los supuestos propietarios originales, medida que fue rechazada por la mayoría que desde entonces mantiene una batalla legal por demostrar su propiedad.
Una década después diecisiete familias recurrieron a un abogado israelí, que denuncian, les engañó al aceptar un acuerdo que no cuestionaba la propiedad de las viviendas sino que aceptaba el estatus legal de "inquilinos protegidos", que no ha frenado que en los últimos años comenzaran los desahucios.
"Tenemos los documentos originales que acreditan nuestra propiedad, pero el juez dice que el papel es muy antiguo y lo enviamos tarde", lamenta Naser Al Ghawi junto a una precaria tienda frente a la que era su casa, donde recibe el apoyo y la solidaridad de activistas.
"Israel ignora nuestro derecho a estar en Jerusalén Este. Nos ha destruido a mí y a mi familia", sentencia.
2010-02-01 05:11:51
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