2004 · 07 · 10 • Juan Cierco - Corresponsal Diario Español ABC

El Tribunal de La Haya declara ilegal el muro de Cisjordania e insta a su demolición

Palabras duras, rotundas, directas al corazón de los unos y al vientre de los otros. «La construcción del muro por Israel, la potencia ocupante, en los Territorios Palestinos, incluidos Jerusalén Este y sus alrededores, es ilegal y contraria a la legislación internacional».

JERUSALÉN Palabras duras, rotundas, directas al corazón de los unos y al vientre de los otros. «La construcción del muro por Israel, la potencia ocupante, en los Territorios Palestinos, incluidos Jerusalén Este y sus alrededores, es ilegal y contraria a la legislación internacional».

Palabras claras, terminantes, sólidas, dirigidas al orgullo de los unos y a la vergüenza de los otros. «Israel tiene la obligación de cumplir las leyes internacionales, y debe cesar sus trabajos de construcción del muro y desmantelar los tramos ya levantados».

Palabras concluyentes, ásperas, que refuerzan «la legitimidad de la lucha palestina» y ensombrecen una ocupación siempre denunciada sin éxito: «La construcción del muro en los Territorios Palestinos ha provocado la confiscación de tierras y la destrucción de casas, de negocios, de campos de labor. Israel tiene la obligación de reparar los daños causados a todas las personas afectadas».

Palabras perentorias, justas, tercas, que disparan la euforia de los palestinos y desatan el tradicional resentimiento de Israel hacia el exterior: «El muro crea una situación de hecho consumado sobre el terreno que podría convertirse en algo permanente y supone una anexión de facto».

Palabras firmes, definitivas, tozudas, que no despejan el futuro de los unos ni condenan al ostracismo a los otros: «Todos los Estados tienen la obligación de no reconocer la situación ilegal consecuencia de la construcción del muro. La ONU debería considerar las acciones necesarias para poner fin a esta situación ilegal».

Palabras precisas de los jueces del Tribunal de La Haya que ayer leyeron en público una sentencia que hace historia para los palestinos y graba una muesca más en el bastón de las resoluciones internacionales que condenan a Israel. De los 15 jueces del máximo órgano judicial de la ONU, 14 votaron a favor de la ilegalidad del muro. Sólo, uno, el norteamericano Thomas Buergenthal, rompió la unanimidad.

Y los unos que no tardaron en reaccionar, de hecho todos lo hicieron antes de tiempo al filtrarse parte de la sentencia al diario israelí Haaretz. «Victoria», gritó Arafat desde su cuartel general de Ramala: «Victoria para nuestro pueblo y todos los pueblos libres».

«La sentencia supone una bofetada a Israel. Estamos ante un día histórico que no sólo considera ilegal el muro de Israel, sino la ocupación de Israel y las colonias de Israel», explicó Ahmed Qurea, el primer ministro palestino.

Otras palabras, también tercas, rotundas, sólidas, de bocas palestinas, como las de Saeb Erekat desde Jericó: «Las anteriores 25 sentencias del Tribunal Internacional de La Haya se han acatado y cumplido una tras otra. Veremos qué sucede ahora pero la comunidad internacional debe poner fin a la impunidad de Israel».

Más palabras, también concluyentes, ásperas, tozudas: «Washington y Londres lanzaron una guerra contra Irak por no cumplir las resoluciones internacionales y violar los derechos humanos. Esa guerra llevó al desastre actual. Ahora, otro país, Israel, como siempre, anuncia que ignorará otra resolución internacional que le condena por violar los derechos humanos de los palestinos», razonó Nabil Abu Rudeina, consejero de Arafat.

Y los unos seguían asidos a sus particulares palabras. Pero los otros no quedaban rezagados y se abrazaban sin tardar a sus argumentos, propios e intransferibles, reiterados hasta la extenuación.

Hablaron muchos, aunque no todos, con el «sabat» a la vuelta de la esquina. Así, el ministro de Justicia israelí, Yosef «Tommy» Lapid, anunció que «Israel no acatará ni cumplirá la sentencia porque Israel sólo acata y cumple las sentencias de sus tribunales».

Y el Ministerio de Asuntos Exteriores, a través de un comunicado oficial, se explayaba para acusar al Tribunal de La Haya de «ignorar totalmente la causa de la construcción de la valla: el terrorismo palestino. Sin terrorismo no habría valla».

El comunicado recordaba asimismo que en los últimos tres años y medio se habían contado casi mil muertos israelíes, y decenas de miles de heridos, y más de 20.000 ataques palestinos: «Cualquier país en esa situación habría actuado igual que el nuestro para enfrentarse a esta campaña criminal».

«Mientras haya terrorismo, Israel defenderá a sus ciudadanos porque ese es su deber moral y legítimo. Las barreras son reversibles; la muerte, no. ¿O es que no tienen derecho a vivir los judíos?», se preguntaba en voz alta Raanan Guissin, portavoz de Sharón.

Palabras desde la Casa Blanca

Palabras desde la Casa Blanca: «EE.UU. considera al Tribunal de La Haya un lugar poco apropiado para resolver una cuestión política como ésta».

Palabras más europeas desde Bruselas, donde Javier Solana, responsable de la Política Exterior de la UE, recordaba el derecho legítimo de Israel a garantizar su seguridad pero no a un precio que pueda ahogar cualquier esperanza de solución negociada.

Palabras de todos los colores; unas más altas que otras; rotundas, diáfanas, tozudas, justas. Palabras y palabras que deberían dar paso a hechos concretos, pasos precisos, acciones directas... Pero ya se sabe que de las palabras a los hechos hay grandes trechos, mucho más si Israel anda por medio.

Juan Cierco - Corresponsal Diario Español ABC