2010 · 11 · 15 • Noticias de Gipuzkoa

Los cultivos de olivos, la última víctima palestina

LA temporada de la recolecta de la oliva empieza oficialmente en Palestina la segunda semana de octubre. El olivo es el símbolo de la sociedad palestina y de su conexión con la tierra; de hecho, casi la mitad de sus cultivos son olivos y más del 50% de la población participa en la recogida de las aceitunas.

Pero lo que antes era un motivo de fiesta entre las familias palestinas, que trabajaban juntas y celebraban la llegada de la temporada con comidas y cenas bajo los árboles, se ha convertido en los últimos tiempos en una aventura de alto riesgo. Cada año, los colonos israelíes agreden, intimidan y cortan el paso a los palestinos que llegan a cosechar en lo que ellos piensan que es la tierra que les prometió Dios y causan daños irreparables a sus cultivos. Prenden fuego a los árboles, los envenenan, los talan o los inundan. Este año, los colonos han intensificado las agresiones y los ataques a las tierras de cultivo palestinas ya casi triplican las de toda la temporada de 2009.

El último informe publicado por la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA) documenta 50 ataques en diversos puntos de Cisjordania. Las zonas más afectadas son las que rodean Hebrón y, sobre todo, las cercanas a Nablús. Allí ocurrieron los incidentes más graves: el más serio, la quema de 500 metros cuadrados de tierra, que albergaban más de 2.000 olivos, en los dominios de Fur"ata y Tel (cerca de Nablús) por colonos del puesto de avanzada de Havat Gil"ad. Farez Saifi, habitante del poblado de Tel, se sorprendió al ver a sus familiares regresar del campo el día 15 de octubre al mediodía. "Los colonos están prendiendo fuego a los olivos", le dijeron. Mientras, su hija Mervat, que se encontraba recogiendo aceitunas en el alto de un monte cercano, pudo ver cómo los árboles empezaban a arder después de que unos 20 colonos lanzaran ruedas en llamas ladera abajo.

Los olivos de su padre se salvaron por poco, pero los 20 pertenecientes a su abuelo materno, quien ha sufrido en numerosas ocasiones agresiones físicas de colonos en el camino a su plantación, fueron calcinados . Los bomberos palestinos llegaron al lugar pero sólo pudieron acceder a la parte más cercana del puesto de avanzada israelí, "así que varios vecinos entramos dentro a pie y tratamos de apagar el fuego con mantas y garrafas de agua", rememora Rihan. Majdi Salah, un lugareño que vive a una centena de metros de donde se sucedieron los acontecimientos, asegura que "los soldados estuvieron presentes en todo momento y no hicieron nada por evitarlo". "Nos da miedo volver; si nos acercamos demasiado, los colonos comenzarán a tirarnos piedras y luego bajarán desde la carretera para atacarnos", señala Mervat Saifi.

Persistencia

Ali Shosha, cuya familia perdió 3 hectáreas con 130 olivos y parras en el poblado de Hosan, junto a Belén, cuando varios colonos quemaron, envenenaron y arrancaron sus plantaciones el pasado 19 de octubre, tiene pensado seguir cultivando sus tierras pase lo que pase. Según cuenta, varios palestinos que trabajaban cerca de sus parcelas "vieron bajar a cuatro colonos jóvenes, de unos 18 o 20 años, del asentamiento de Beitar Ilit". Shosha señala que "los colonos jóvenes son los peores. Con los mayores no tenemos problemas: vienen a comprar a nuestras tiendas y se suelen comportar correctamente con nosotros, pero las yeshivas (escuelas religiosas judías) están envenenando a las nuevas generaciones con esas ideas de que esta tierra sólo puede ser para los judíos".

La Policía palestina llegó para apagar el fuego, pero la familia Shosha perdió la mayor parte de sus cultivos. "No podemos hacer nada contra unos colonos que vienen con metralletas", argumenta. Preguntado por los hechos, el portavoz del Consejo de Asentamientos Judíos Dani Dayan respondió con un escueto: "Todo tipo de violencia es deplorable, también la que se ejerce sobre los judíos que habitan en Judea y Samaria". Esta semana, los campos palestinos han contemplado los últimos coletazos de la violencia colona contra los olivos: 120 calcinados en Oranit y 30 talados en Kafr Qaddum, ambas poblaciones pertenecientes al distrito de Qalquilya. Asimismo, en el área de Al Malih, en el valle del Jordán, los colonos de Maskiyot construyeron una verja alrededor de 9 hectáreas de tierra de cultivo palestina para impedir la entrada a sus dueños. Tras varios días, el Ejército israelí llegó para desmantelarla.

Restricciones

Un alto porcentaje de las tierras de cultivo palestinas se encuentra en la zona controlada por Israel, en las inmediaciones de los asentamientos o en el área comprendida entre el muro y la línea verde, tierra cisjordana que Israel se ha anexado de facto. Desde 2003, los agricultores palestinos necesitan un permiso del Ejército para acceder a estas últimas tierras y, desde 2009, la medida se ha extendido al resto de áreas de Cisjordania. Muchos permisos se conceden, pero otros se deniegan por "razones de seguridad". El 60% de los checkpoints que implican cruzar al otro lado del muro sólo se abren una vez al año, durante la recolecta de la oliva, y sólo se pueden atravesar con un permiso especial. Esta circunstancia provoca que actividades como la poda, el abono de la tierra o el control de plagas sean difíciles o imposibles de llevar a cabo, lo cual afecta de manera determinante en la calidad del producto.

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