2010 · 11 · 17 • Jillian Kestler-D'Amours para Electronic Intifada

Diez años sin justicia por los asesinatos del año 2000

Han pasado ya diez años del asesinato de 13 palestinos a manos de la policia de Israel durante las manifestaciones no violentas en el estallido de la segunda Intifada.

Y mientras las familias de las víctimas continúan exigiendo responsabilidades y justicia para sus seres queridos, algo terrible se está gestando: en el Israel de hoy, lo que ocurrió en octubre de 2000 fácilmente podría ocurrir de nuevo, o incluso peor.

"Después de esto, todo es posible. Lo peor pasó y después de aquello, sólo puede ir a peor", dice Mohammad Zeidan, el Director General de la Asociación árabe de Derechos Humanos (HRA), con sede en Nazaret.

"Hay un millón de razones para una explosión de racismo y discriminación contra la minoría palestina (en Israel). Sólo se necesita una pequeña chispa. Y si esto pasa, sentimos que el ambiente politico general será peor que el que había en el año 2000 . Será mucho peor que en el 2000", afirma Zeidan.

Manifestantes desarmados asesinados.

A finales de septiembre de 2000, meses antes de que fuera elegido Primer Ministro, Ariel Sharon realizó la tristemente célebre visita a la zona ocupada Haram al- Sharif (Explanada de las Mezquitas) en Jerusalem este, acompañado por las Fuerzas de Seguridad israelíes. Este paso incendiario incrementó el ya creciente malestar en la Cisjordania ocupada , donde los palestinos tomaron las calles en lo que llegó a ser el principio de la segunda Intifada palestina.

Días más tarde, el 1 de octubre de 2000, el Alto Comité de Seguimiento para los ciudadanos árabes en Israel anunció una huelga general y se organizaron manifestaciones masivas en muchos pueblos árabes dentro de Israel para mostrar su apoyo a los palestinos de los territorios ocupados. Estas protestas fueron respondidas con extrema violencia por parte de las fuerzas policiales israelíes. Se usaron balas de acero cubiertas de caucho, munición real y gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes mientras francotiradores israelies se apostaban en varias ciudades.

Tres jóvenes -- Mohammed Ahmed Jabareen (23 años), Ahmed Ibrahim Siyyam Jabareen (18 años) y Rami Khatem Ghara (21 años) -- fueron asesinados el primer día de las manifestaciones.

Como resultado de esos asesinatos, el Alto Comité de Seguimiento prolongó la huelga y las manifestaciones continuaron. Esas manifestaciones también fueron recibidas con una fuerte represión policial y, en el transcurso de ocho días, un total de 13 palestinos, de edades comprendidas entre los 17 y los 42 años, fueron asesinados. Un residente palestino de la Franja de Gaza también fue asesinado.

“El sentimiento general fue que se habían cruzado todas las lineas rojas – en octubre de 2000 – y que la situación fue a peor. Lo que más asusta de todo esto, es que, a nivel oficial, la mayoría judía no reaccionó y no se detuvo este empeoramiento de la situación ni los asesinatos que estaban ocurriendo en las calles”, dice Zeidan.

Sin responsabilidad.

Miles de palestinos fueron heridos y cientos fueron detenidos posteriormente o arrestados por los hechos que tuvieron lugar en octubre de 2000. Un mes más tarde, en noviembre, el gobierno israelí creó un equipo de investigación, la Comisión Or (Commission Or) para averiguar lo ocurrido. Sus resultados se hicieron públicos en septiembre de 2003. Esta Comisión descubrió que la policia israelí usó balas de caucho de forma ilegal, munición real y francotiradores para dispersar a los manifestantes y rechazó la afirmación de la policia de que se había actuado en defensa propia y recomendó que se abrieran investigaciones de carácter críminal por cada una de las muertes.

Dos años más tarde, en septiembre de 2005, el departamento de investigaciones policiales del Ministerio de Justicia, conocido como Mahash, hizo público su propio informe, planteando que no habría acusaciones contra ningún oficial israelí en relación con esta violencia.

Esta decisión causó una enorme indignación en la población palestina de Israel y se enfrentó a una crítica pública a gran escala.

Como resultado, el entonces Fiscal General Menachem Mazuz inició su propia investigación y en enero de 2008 apoyó la posición del Mahash de que no había razón alguna para acusar a miembros de la policia israelí quienes argumentaron que habían actuado en defensa propia contra los manifestantes.

El Fiscal General cerró la investigación con el argumento de que los manifestantes árabes usaron armas y cortaron las calles y que, en esta situación, la policía se sintió en peligro. De hecho, "acusó a las víctimas", comenta Hassam Jabareen, el fundador y Director General de Adalah, el Centro Legal para los derechos de la minoria árabe en Israel y abogado principal de las familias de las víctimas del 2000.

"Pero si queremos analizar la retórica de Mazuz, encontramos que trataba a los manifestantes no como civiles, sino como combatientes. No importa si son civiles palestinos o combatientes palestinos, si tienes la ciudadanía o no, tu etnicidad es lo que importa. El Fiscal General les trata como enemigos", dice Jabareen. "Esto demuestra que aquí la impunidad de la policia es muy, muy alta."

Una situación en deterioro.

En un informe de abril de 2001 se investigaba el comportamiento de los oficiales israelíes durante los actos de violencia, el Comité Popular Contra la Tortura en Israel (PCATI) describió los sistemas impuestos por la ley israelí como "afectados por un racismo institucionalizado".

"Durante los hechos de septiembre y octubre de 2000, esto se reflejó en las horribles y extendidas manifestaciones de violencia y humillación. Todavía este racismo se refleja también, de forma menos obvia, en la legislación, normas y procesos que efectivamente discriminan a estos ciudadanos". Esto es lo que plantea el informe titulado "Racismo, Violencia y Humillación".

El informe añade, "portavoces oficiales del Estado de Israel describen a menudo el país como la única democracía de Oriente Medio y como uno de los miembros de la familia de los países progresistas e iluminados". El comportamiento de agentes del Estado -- personal de las Fuerzas de Seguridad y otras autoridades -- hacia sus ciudadanos palestinos amenaza con dejar tales declaraciones vacias y sin sentido".

Además, de acuerdo con Hassan Jabareen, la situación de los ciudadanos palestinos dentro de Israel está empeorando cada día:

"Se están enfrentando, más que en cualquier otra situación anterior, a una política racista directa y esta política racista justifica el uso de la violencia contra ellos. Parece que la situación va en aumento", afirma Jabareen.

Mohammad Zeidan añade que las propuestas recientes y las leyes aprobadas por el Parlamento Israelí son una señal de la hostilidad creciente hacia la minoria palestina que representa casi el 20% de la población israelí.

"Vemos que el concepto global del Estado judio está siendo legalizado en diferentes leyes y propuestas y esto crea un entorno que deslegitima nuestra existencia como ciudadanos. Este entorno es propicio para cualquier tipo de ataque y cualquier tipo de violencia de nuevo contra la población minoritaria", dice Zeidan.

Y añade, "Sin una acción internacional real contra esta situación, nada se moverá en Israel. Creo que la situación se irá deteriorando cada vez más y será más duro hablar de soluciones en el futuro".

Actualmente, Adalad esta apelando al nuevo Fiscal General de Israel, Yehuda Weinstein, para reabrir las investigaciones sobre los asesinatos de octubre de 2000.

Para ser más específico, Adalah está instando a Weinstein a investigar las evidencias recabadas contra los oficiales de policia implicados en los asesinatos, así como examinar el trabajo y los procedimientos usados por el Mahash y el anterior Fiscal General Menacham Mazuz durante sus propias investigaciones de lo que sucedió hace diez años.

"Las familias continuarán luchando", dice Hassan Jabareen. "Hoy nuestra demanda al nuevo Fiscal General es que abra el caso y renueve la investigación criminal. Ésta es nuestra demanda ahora mismo".

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Original de Montreal, Jillian Kestler-D´Amours es una escritora freelance y documentalista instalada en Jerusalén Este. Se puede encontrar más información sobre su trabajo en: http://jilldamours.wordpress.com

Publicado originalmente en Electronic Intifada. Traducido al castellano por Ana H. Borbolla para el Centro de información alternativa (aic) en Jerusalén.

Jillian Kestler-D'Amours para Electronic Intifada