2015 · 04 · 09 • Fuente: Palestinalibre.org

67 años de la gran masacre de Deir Yassin, las víctimas de este genocidio no se olvidan

El 9 de abril tendría lugar un trágico acontecimiento que simbolizó y simboliza la limpieza étnica de Palestina, Al Nakba. Deir Yassin era un pueblo palestino de unos 700 palestinos, todos civiles, a pocos kilómetros al Oeste de Jerusalén, estaba bajo ataque, invadido por una fuerza inicialmente compuesta por 132 miembros de las bandas terroristas sionistas Irgún y Stern, esta última autodenominada Lehi.

Los terroristas sometieron a los habitantes de la población que no habían huido a crímenes horrendos y a todo tipo de vejaciones... Entre ellas, violaciones a mujeres y niñas, mutilaciones o abrir el vientre de mujeres embarazadas.

Se estima que 254 personas fueron asesinadas en la masacre de Deir Yassin. En 1948, algunos dirigentes sionistas se jactaban de la magnitud de la masacre y la cantidad de los asesinados, cifra que fue confirmada por un funcionario de la Cruz Roja, por Hussein al Khalidi, del Comité Superior Árabe, o por el diario New York Times.

La matanza se difundió rápidamente. Un objetivo central del sionismo con Deir Yassin fue sembrar el terror entre la población palestina; una especie de advertencia acerca de que si no abandonaban sus hogares podían correr la misma suerte que los habitantes de este pueblo. Y, en efecto, desde ese momento, esta matanza fue el núcleo de la guerra psicológica contra los palestinos. Escuchar el nombre del pueblo en boca de las tropas paramilitares sionistas, primero, y del Ejército israelí, después, provocaba tal pánico entre los palestinos que muchos abandonaron sus hogares por este factor.

Jóvenes judíos observan una procesión de activistas israelíes, palestinos e internacionales, quienes llevaban  los nombres de aquellos que murieron en la masacre de Deir Yassin, al oeste de Jerusalén, el pasado 10 de abril de 2014. El 9 de abril de 1948, aproximadamente 100 a 200 palestinos, entre ellos mujeres y niños, murieron a manos de las milicias extremistas sionistas del Irgun y Stern Gang (Lehi) en la aldea de Deir Yassin. El grupo activista israelí Zochrot ("Recordar") organiza una procesión anual para conmemorar a los muertos y volver a contar la historia del pueblo. (Foto: Activestills.org)

 “Yo grité..., pero a mi alrededor otras mujeres eran también violadas. Luego nos arrancaron las vestiduras y se divirtieron con nuestros pechos haciendo gestos obscenos. Algunos estaban tan obsesionados por apoderarse  de nuestros pendientes, que arrancaban nuestras orejas” nos relata Safiyeh Attiyeh una sobreviviente de 40 años de edad. Otra testigo, Haleem Eid, 30 años, observó a “Un hombre dispararle en el cuello de mi cuñada Salhiyed, que estaba a punto de dar a luz y abrirle el vientre con un cuchillo de carnicero”. Una mujer que estaba cerca trató de salvar la bebé mientras estaba abierto el vientre de la madre, pero ella fue batida a tiros también. Una joven pareja recién casada fue acribillada junto a 35 personas, la joven pareja murieron tomados de las manos. Fahimi Zeidan, de 12 años, que sobrevivió la masacre describió lo siguiente: “Los judíos ordenaron a toda mi familia situarse frente a un muro y pudimos escondernos detrás de nuestros padres. Las balas rozaron la cabeza de mi hermana Kadrik, de 4 años, la mejilla de mi hermana Sameh, de 8 y el pecho de mi hermano Mohamed, de 7. Todos los demás que estaban con nosotros en el muro resultaron muertos: mi padre y mi madre, mi abuela y mi abuelo, mis tíos, mis tías y varios de sus hijos”.

Los testimonios que recoje el Dr. Lajos Szaszdi en RT son una pequeña muestra del salvajismo y la barbarie de la que fueron víctima los pobladores palestinos de Deir Yassin, en Palestina el 9 de Abril de 1948. Un pueblito desarmado ubicado al oeste de Jerusalén de unos 600 habitantes. Fue la primera masacre por parte de judíos sionistas y sus  organizaciones terroristas Irgún y Stern y la milicia paramilitar de “autodefensa” Haganah. El objetivo fue comenzar una colonización y limpieza étnica como le ha llamado el historiador judío Ilan Pappé en “La Limpieza Étnica de Palestina” (2008). Y de paso darles el primer escarmiento a los palestinos que eran mayoría en todo Palestina. A comienzos de diciembre de 1947 había un millón de palestinos, mientras que la comunidad judía era 600 mil judíos. Los prisioneros fueron pasados por todo Jerusalén para presentarlos como trofeos y después muchos fueron vilmente asesinados. Los nativos judíos y los palestinos vivieron en armonía durante cientos de años, pero todo cambió con el sionismo judío.

El movimiento político sionista judío internacional desde sus comienzos a mediados del siglo19 buscaba la creación de un Estado de Israel en Palestina como patria y refugio para los judíos de todo el mundo. Después de la Segunda Guerra Mundial y el genocidio de los 6 millones de judíos que sufrieron a manos de Hitler en Alemania y la imposición del Estado de Israel el 14 de Mayo de 1948, fue que tomó impulso el sionismo.

La gran mayoría de los testimonios de testigos presenciales de los crímenes cometidos por los terroristas de las bandas Irgún y Stern fueron obtenidos tras interrogatorios llevados a cabo por la Policía británica tras la masacre del 9 de abril de 1948. Foto: Archivo

Relato del informe del delegado de la Cruz Roja Internacional en Palestina Jacques Rinior

"La tarde del sábado 10 de abril, recibí una llamada telefónica de socorro de un árabe, la voz requería mi presencia inmediata en el poblado árabe de Deir Yasin, situados a escasos kilómetros de la ciudad de Jerusalén. Mi comunicante informaba que todos los habitantes de dicho pueblo habían sido aniquilados." El pasado 9 de Abril se cumplía el 60 aniversario de una de las primeras masacres llevadas a cabo contra el pueblo palestino, antes incluso de la Partición y de la creación de un estado judío en Palestina.

La tarde del sábado 10 de abril, recibí una llamada telefónica de socorro de un árabe, la voz requería mi presencia inmediata en el poblado árabe de Deir Yasin, situados  a escasos kilómetros de la ciudad de Jerusalén. Mi comunicante informaba que todos los habitantes de dicho  pueblo habían sido aniquilados. Obtuve la  información de que las hordas del grupo Irgún eran los que tenía control sobre aquel lugar. Me puse en contacto de inmediato con Agencia Judía, y del cuartel general del grupo de la Hagana, ambos negaban ninguna información al respecto, además intentaban disuadirme de que era imposible atravesar las líneas defendidas por Argón. Me pidieron desistir de cualquier intento de acercarme al poblado, por el peligro que suponía  para mi integridad física.  Comprendí que no solo no querían ayudarme sino,  que se rechazaba cualquier responsabilidad de lo que me pudiera  suceder si me aventurara en el poblado. Les aseguré que de todos modos que  iría al lugar. Es obvio que esta Agencia Judía, de mala fama, ejercía el control sobre la región, y tenía la responsabilidad de velar por mi seguridad personal, en cumplimiento de mi labor.

En realidad no sabía qué hacer, sin la cobertura de los judíos era prácticamente imposible alcanzar el poblado. Al rato me acordé de una enfermera judía que había conocido por casualidad, y que me había facilitado su número de teléfono, ofreciéndose a colaborar conmigo en caso de necesidad. Le llamé bien avanzada la tarde para informarle de la situación, me citó al día siguiente en una lugar convenido sobre las 7 de la mañana, ahí recogería  una persona en mi coche.

A la hora, y en el lugar convenido, me esperaba un hombre  vestido de civil, pero iba armado con una pistola, se introdujo rápidamente en mi vehículo, y me pidió que avanzara sin parar. Le pedí que me condujera hacia el poblado de Deir Yasin, se limitó a indicarme el camino, afirmando que le resultaba imposible hacer más, me dejó solo. Entonces, abandoné la carretera general, para coger  un camino comarcal, de frente me topé con un puesto militar, dos soldados me mandaron parar, entendí que me pedían bajar del coche para ser cacheado. Uno de los centinelas me hizo saber que era su prisionero, el otro me cogió de la mano, y me habló en alemán, ya que no entendía ni el inglés ni el francés, me expresó su gusto de conocer a un delegado de la Cruz Roja, me comentó que él mismo fue prisionero en un campo de concentración nazi, y que gracias a la Cruz Roja, salvó su vida, expresó  que me consideraba más que un hermano, y que haría todo lo que estuviera  en su mano para conducirme a Deir Yasin.

A 500 metros del poblado, nos detuvimos largo tiempo a la espera  de obtener el permiso para entrar. A pesar de peligro de estar en esta zona  sometida a fuego cruzado, los hombres de Argón (por IRGÚN) no estaban por la labor de facilitar las cosas; finalmente llegó un hombre de esta banda con mirada inquietante, fría, y odiosa, le comuniqué que estaba en misión humanitaria, para ayudar a los heridos y contar las víctimas, y que no tenía intención de investigar lo ocurrido. Le recordé que las autoridades judías habían firmado los convenios de Ginebra, y por lo tanto estaba en misión oficial. Mis palabras irritaron  al oficial que me respondió con malos modos diciendo que la banda Argón era la única autoridad en esta zona, ni siquiera la Agencia Judía, tenía poder de decidir.

Mi guía al oír los  gritos intervino para aplacar la ira de aquel oficial que volviendo hacia mí dijo que  podría hacer lo que quisiera bajo mi entera responsabilidad. Tuve una versión completa de lo ocurrido a través del testimonio con mis interlocutores. En este pueblo vivían 400 habitantes desarmados que convivían con los judíos, hasta que llegaron los militantes de Argón hacía 24 horas, entraron en el pueblo llamaron a través de megáfonos a todos los habitantes, para desalojar sus casas y entregarse. Pasados 15 minutos de espera, el plazo dado para  que se cumplieran las órdenes, algunos militantes de partidos políticos árabes se entregaron y fueron hechos prisioneros, más tarde fueron utilizados de escudos en línea del  frente con los árabes. Los  que no se entregaron tuvieron el "destino que merecían", según mis interlocutores, que restaron importancia a lo  ocurrido, pidiendo no exagerar ya que había un número reducido de muertos, “que serán enterrados una vez acaba la limpieza del pueblo”. Me dijeron con sorna que si encontrara cadáveres que me los podría llevar, y sentenciaron "que no había heridos".

Me invadió un gran escalofrío después de lo oído, decidí volver de inmediato a Jerusalén por una ambulancia y un camión. De vuelta al pueblo, el fuego de la parte árabe había cesado por completo. Solo vi tropas uniformadas judías, todos incluso jóvenes, adolescentes, y mujeres  armados con revólveres, ametralladoras, bombas, granadas y cuchillos con sus filos sangrantes aún. Vi que una  adolescente  llevaba  un gran cuchillo con resto de sangre, lo exhibía como un trofeo de su heroica hazaña. Me pareció que aquel grupo era el  brazo ejecutor de la misión de limpieza y que la había cumplido con saña y satisfacción.

Hice un intento de entrar en una casa, había más de diez soldados rodeándome con las armas en posición intimidatoria, el oficial al mando me impidió la entrada, bajo la excusa de que se iban a traer los cadáveres. Me invadió  una gran tensión nerviosa, expresé a aquellos criminales mí gran consternación  por su comportamiento, me resulta imposible soportar tanta infamia, empujé a los que me rodeaban y entré en aquella casa. La primera estancia de la vivienda estaba totalmente oscura y vacía, en la habitación contigua encontré entre muebles destrozados algunos cadáveres. Estaban fríos como el hielo, tenían múltiples orificios de balas disparados a poca distancia, otros destrozados por efecto de las  bombas, otras víctimas habían sido rematados con cuchillos.

El  mismo escenario lo contemplé en la otra habitación, cuando me disponía a salir de aquella casa, oí algo parecido a un suspiro, me puse a revolver entre los cadáveres fríos, hasta que encontré un pie pequeño que estaba relativamente cliente. Una niña de aproximadamente 10 años gravemente herida por un bomba, pero seguía con vida, intenté llevarla pero el oficial me lo impidió, e iba a cerrar la puerta. Desesperado le empujé, cogí aquella niña y salí corriendo, como el que coge un inesperado regalo del cielo, protegido por mi acompañante.

Las ambulancias cargadas abandonaban el lugar a toda prisa con la intención de  volver de inmediato. Mientras tanto continuaba  con mí tarea animado por mi triunfo sobre aquellas tropas, que no se atrevieron  atacarme directamente.

Pedí a los operarios que cargaran los cadáveres de aquella casa, mientras me  dirigía otras casas contiguas para proseguir ni labor. La dantesca  escena se repetía en todas las casas, tan  solo encontré dos personas con vida, eran dos mujeres, una anciana, que se salvó simulando  estar  muerta durante 24 horas.

En el pueblo vivían 400 personas, 50 pudieron huir, tres sobrevivieron, y  el resto fueron aniquilados cumpliendo órdenes. Al parecer las fuerzas que cometieron la masacre eran demasiado disciplinadas.

De vuelta a Jerusalén, me dirigí a la sede la Agencia Judía, para expresar  mi estupor por su incapacidad de controlar a 150 milicianos entre hombres y mujeres armadas, responsables de aquella matanza.

Comuniqué la noticia a los árabes, no les di detalles sobre la envergadura de masacre, sólo les  informe  de que había un indeterminado número de muertos en el pueblo, y les pregunté que podría hacer con los cadáveres, y donde deben ser enterrados, me pidieron que les inhumara  en un lugar adecuado que pudiera ser reconocido más tarde, me comprometí a  hacerlo según sus deseos. En el camino de vuelta al pueblo, encontré a los miembros de unidad de la Argón, de muy mal humor, intentaron impedirme  el paso, interpreté su comportamiento como venganza hacia mi persona por ser  un testigo ocular de sus acciones. Con firmeza les pedí que me dejaran continuar con mi labor, incluso me atreví a pedir su asistencia para enterrar los cadáveres. Después de una acalorada discusión aceptaron cavar una fosa en un jardín pequeño. Era imposible identificar a los cadáveres, no llevaban documentación, pero documenté la descripción exacta y la edad aproximada de cada uno de las víctimas.

Dos días después, los soldados de Argón, abandonaron el lugar, fueron sustituidos por unidades de la Hagana. Descubrimos cadáveres amontonados a la intemperie sin el más mínimo respeto…..

Días más tarde me visitaron en mi despacho dos hombres bien parecidos vestidos de  civiles, eran el líder del grupo  Argón y su ayudante, Traían un texto. Me pidieron  firmar una declaración en que manifestaba haber recibido la ayuda requerida para cumplir mi tarea, incluso debería expresar mi agradecimiento por el supuesto apoyo. No tuve duda en rechazar  lo que me proponían firmar inmediatamente, bajo amenazas de muerte.

Me negué a firmar aquel manifiesto por no estar ajustado a la verdad de los hechos. mujeres, niños y ancianos.

Esta gran masacre, de un total de 33, fue una limpieza étnica de las más trágicas de nuestro tiempo: cerca de un millón de palestinos fueron obligados a emigrar a punta de fusil, dejando detrás sus casas literalmente demolidas, como lo hace todavía en la actualidad el gobierno del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.

Fuente:

Deir Yassin: La gran masacre

Recordando Deir Yassin, 64 años después

66 años de la masacre del poblado palestino de Deir Yasin, para no olvidar las victimas del genocidio

Documental: Recordando la masacre de Deir Yasin

Fuente: Palestinalibre.org