2016 · 08 · 18 • Fuente: Juan Carlos Sanz, El País - España

Israel estrena una doctrina de castigos y premios colectivos en Cisjordania

Medidas punitivas en localidades de donde procedan atacantes, incentivos económicos para otras zonas

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sale de un helicóptero ayudado por el comandante de la fuerza aérea de Israel. ABIR SULTAN EFE

Diez meses después del estallido de la mayor ola de violencia en una década y cuando quedan apenas 50 días para la celebración de las elecciones municipales palestinas —a las que tiene previsto concurrir Hamás—, Israel ha estrenado una doctrina de castigos y premios colectivos para la población de Cisjordania. En esencia, las localidades de donde proceden quienes cometen ataques contra israelíes serán sometidas al palo de las medidas punitivas, en su mayoría de manos del Ejército. Las consideradas más pacíficas recibirán, en cambio, la zanahoria en forma de ayudas económicas e incentivos. “Quien esté dispuesto a coexistir resultará beneficiado y quien siga el camino del terrorismo saldrá perdiendo”, advirtió el ministro de Defensa, el ultraderechista Avigdor Lieberman, al presentar la estrategia, según informa este jueves el diario Yediot Ahronoth.

Como responsable de la cartera que supervisa la ocupación de los territorios palestinos desde 1967, Lieberman presentó en la tarde del miércoles el nuevo mapa que divide Cisjordania en áreas de distinto color, como focos de violencia. En verde figuran las poblaciones de donde no ha surgido ningún atacante, y en rojo y amarillo las que cuentan con vecinos acusados de actos violentos. Entre las primeras figuran Beit Shaur (cerca de Belén), donde se va a erigir un hospital; Nablus (norte), en la que será instalada un polígono industrial en su parte oriental, o Bidiya, al sur de Nablus, que será también recompensada con un flamante campo de fútbol. También está previsto establecer entre Jericó y la vecina frontera jordana un corredor comercial, aunque en este caso será financiado por la cooperación japonesa.

Los clanes y familias residentes en los puntos en rojo del mapa, la mayoría marcados en torno a Hebrón (sur), se enfrentarán a castigos como el incremento de la presencia del Ejército y de las detenciones de sospechosos, demoliciones o sellado de casas (de familias de los atacantes), registro de viviendas de personas implicadas en actos terroristas —así como la confiscación de sus bienes y propiedades—, privación del permiso de trabajo en Israel, retirada del salvoconducto preferente a los funcionarios de la Autoridad Palestina acusados de incitar a la violencia o controles sistemáticos de los vehículos, entre otras medidas punitivas.

El ministro de Defensa anunció también la creación de un portal digital informativo en árabe dirigido y financiado por la Coordinación de las Actividades del Gobierno en los Territorios (Cogat), la unidad de las Fuerzas Armadas que se ocupa de los asuntos civiles palestinos. Lieberman pretende además establecer vías de diálogo con la sociedad civil palestina sin necesidad de contar con el visto bueno ni la mediación de la Autoridad Palestina. Para el experto en asuntos de seguridad Yossi Melman, se trata sobre todo de “puentear a Abu Mazen [alias de Mahmud Abbas, presidente palestino]”, según apunta en el periódico Maariv.

El columnista de Yedioth Ahronoth Alex Fishman, destaca, sin embargo, que en medio de la nueva estrategia de mano dura del ministro de Defensa figuran  proyectos que autorizan construcciones palestinas de la llamada zona C —la mayoritaria área bajo control exclusivo de Isarel en Cisjordania, delimitada hace dos décadas en los Acuerdos de Oslo—, en un gesto que puede generar división en el seno de la coalición de Gobierno, donde cuentan con un gran peso específico partidos que apoyan los cerca de 600.000 colonos que viven en territorios palestinos bajo ocupación israelí. Precisamente Lieberman, nacido en Moldavia, reside en la colonia de Nokdim, al sureste de Jerusalén, uno de las asentamientos judíos más alejados de Israel dentro del territorio palestino.

Fuente: Juan Carlos Sanz, El País - España