2008 · 04 · 04 • Jorge Ramos Tolosa

Holocaustos y disparates

Negar el Holocausto es delito en diversos países. Sin embargo, no lo es negar la “shoah” contra el pueblo palestino. Esta calificación no es mía, sino del mismo viceministro de Defensa israelí, el ex general Matan Vilnai, el cual utilizó este término para referirse a la limpieza étnica que ha realizado, realiza y realizará -si siguen resistiendo, según Vilnai- el Estado sionista contra el pueblo palestino. La utilización de esta respetada y sagrada palabra por un ministro israelí, sólo aplicable al Holocausto nazi da cuenta de la magnitud de la masacre que sufren los palestinos.

La “industria del Holocausto” (Finkelstein, 2000) ha obtenido enormes beneficios desde que empezó a funcionar. Medios de comunicación, películas, libros o exposiciones explotan día tras día el episodio del Holocausto nazi contra los judíos. Parece que ha conseguido que el mundo entero se haya solidarizado no sólo con los hebreos que lo sufrieron, sino también con su pasado, presente y futuro. Ha logrado un compromiso con los judíos que va más allá de esta historia, que en su momento fue un elemento legitimador de la creación del Estado de Israel y que ha seguido pesando en las acciones del sionismo contra el pueblo palestino. Ha tenido un efecto doble: como telón de fondo de los “pobrecitos” judíos en la forja del Estado racista israelí, la victimización ha hecho que se vieran con otros ojos la invasión, expulsión y masacre palestina de 1948 y de los 60 años que se completan actualmente. Por otro lado, ha funcionado como cortina de los crímenes que han cometido, banalizando el genocidio que los herederos de las víctimas, convertidas en verdugos, han estado cometiendo contra los palestinos.

Negar el Holocausto es delito en diversos países. Sin embargo, no lo es negar la “shoah” contra el pueblo palestino. Esta calificación no es mía, sino del mismo viceministro de Defensa israelí, el ex general Matan Vilnai, el cual utilizó este término para referirse a la limpieza étnica que ha realizado, realiza y realizará -si siguen resistiendo, según Vilnai- el Estado sionista contra el pueblo palestino. La utilización de esta respetada y sagrada palabra por un ministro israelí, sólo aplicable al Holocausto nazi (episodio eje del Estado de Israel, sumamente presente y sensible en lo que respecta a sus habitantes hebreos) da cuenta de la magnitud de la masacre que sufren los palestinos. De esta forma, negar este Holocausto debería también ser delito. Eso significa, llanamente, que estamos rodeados de delincuentes. Pero no sólo de delincuentes, ya que los políticos y empresarios que apoyan al Estado terrorista e ilegítimo de Israel -como vendiéndole armas y enviando a militares para formarse allí, como hace España- colabora e impulsa este Holocausto. En mi pueblo, de toda la vida, los que ayudan y colaboran con terroristas también son terroristas. Delincuentes y terroristas. Los dueños del mundo, desde Bush, Sarkozy o Zapatero hasta los propietarios de tantas y tantas empresas, son pues unos delincuentes y unos terroristas. Así de claro. ¡Qué escándalo hubiese sido que los mandamases del momento hubiesen proporcionado fusiles y cámaras de gas a los nazis para que exterminasen a los judíos! Hubiese sido, verdaderamente, el disparate más grande de la historia.

Así pues; ¿qué respeto y apoyo merecen los delincuentes y terroristas que colaboran con el genocidio contra el pueblo palestino?; ¿qué legitimidad tienen?; ¿qué obediencia merecen?; ¿cómo vamos a creer a unos delincuentes y a unos terroristas que se pavonean de defender la ley, el Estado de derecho y la democracia pero que impulsan este Holocausto?

Perdónenme si he sido demasiado radical, pero es que todo esto es un disparate.

Jorge Ramos Tolosa