2019 · 11 · 21 • Felipe Salas Aguilar, para PalestinaLibre.org

Dheishe: Un profesor chileno en el campamento de refugiados palestinos en Palestina bajo ocupación militar

Niños, pequeños, pero han sido tallados con fusiles de asalto y checkpoint, han sido golpeados desde pequeños por la violencia y la segregación que más que debilitar, esculpe niños bravos, sin temor. Que serán a la postre los nuevos rostros de la resistencia.

A lo largo de estos párrafos, me propondré, retratar lo más fielmente que las letras me permitan, lo que significó para mi compartir estos 30 días en el campo de refugiados de DHEISHE, en Belén Palestina. Para ello, buscaré un punto en esta línea de tiempo reciente. Un punto que me ayude a hilvanar este relato de más de dos años de trabajo, de insomnio, de esperanza y resistencia, de amor y soledad.

Hoy, la realidad requiere que los profesores nos sometamos a nuevos desafíos, tanto a nivel personal como profesional, para aprender y romper prejuicios ideológicos, construir sociedades mejores, empatizar con las causas de los demás y compartir las causas locales, ya que mientras más capacidad para plantearse preguntas incómodas y dolorosas tienen los ciudadanos, mayor desarrollo puede alcanzar un territorio.

El maestro debe asimilar todas las experiencias posibles para enriquecer sus prácticas: debe explorar, moverse, estar a la deriva,  sentir dolor, debe investigar a fondo la realidad en la que enseña y debe estar atento a las sombras, los gestos y el silencio. El maestro debe empaparse de todo lo que le ofrece el medio en que se desenvuelve, conociendo la sustancia y el sustrato que, a veces esquivo, se oculta bajo una serie de creencias, prejuicios y temores.

Mi proyecto en Palestina que lleva por título “Cruzar el umbral”, consistió, básicamente, en desarrollar talleres de creación artística con niños del campamento de refugiados de Dheishe y el montaje de una exposición con las obras emanadas de estos talleres. Los protagonistas de estas instancias educativas fueron niños y jóvenes, que trabajaron activamente en la creación y luego difusión de las obras en la comunidad. Sin duda, resulta muy gratificante observar la interacción de las formas gráficas con los iconos políticos y religiosos de esta sociedad de resistencia. Tuve la suerte de trabajar, con la colaboración activa de voluntarias internacionales, provenientes de Suiza, Portugal y Japón, además de contar con la ayuda de más de 10 palestinos voluntarios del centro cultural LAYLAC.

Uno de los grandes objetivos de estos talleres, es desentrañar por medio de las imágenes, ¿cuáles son los efectos del contexto de ocupación israelí en el proceso creativo de los niños palestinos? Varias preguntas nacen al alero de esta sentencia. ¿Desde dónde creamos?, ¿Para qué creamos? Sin duda, a medida que me voy adentrando en las calles laberínticas y en su espacio arquitectónico , puedo observar cual es la implicancia de la imagen en este contexto, cuales son los símbolos más representativos de la resistencia y como dialogan estos con otros lenguajes visuales: el ladrillo desnudo, subir y bajar, caminar por escalones delgados y altos, casas pétreas inacabadas y calizas con enfierraduras a la vista y escombros, (Como una ciudad que se reconstruye constantemente) con mujeres con Hiyab, con hombres con olor a café y tabaco, con niños que físicamente son pequeños, pero han sido tallados con  fusiles de asalto y checkpoint, han sido golpeados desde pequeños por la violencia y la segregación que más que debilitar, esculpe niños bravos, sin temor. Que serán a la postre los nuevos rostros de la resistencia.

En cada espacio del territorio, se observan las múltiples facetas de la ocupación. Sin duda, una de las más potentes y monstruosas, es la del muro que tiene una extensión de más de 700 km. Separando familias y delimitando de forma arbitraria el espacio vital de los habitantes de Palestina. A lo largo de su monumental presencia encontramos diversas formas de bloqueo de caminos y accesos. Alambres de púas, escombros, torres de seguridad, cámaras de vigilancia, asaltos militares nocturnos, racionamiento de recursos de primera necesidad, detenciones administrativas, forman parte del sinnúmero de rostros hostiles que muestra la ocupación israelí.

Dentro de esta lógica de vida, comienzan a ser reveladas las imágenes, el taller se va tiñendo de esta energía creativa,  se conjugan los anhelos más inocentes de los pequeños, con los efectos más crudos y desgarradores de la realidad imperante,  presentes en las imágenes de los mayores. Van de apoco apareciendo los relatos que hasta el momento solo conocía por la literatura, palestina se hace carne en las imágenes, la palestinidad se hace presente en su territorio inasible y fragmentado. Sin duda, sus paletas de color han sido fuertemente influidas por las imágenes de los mártires, los muros de la calle han sido los pizarrones que han educado sus maneras de crear. Las monocromías van deambulando entre militares armados, muros con alambradas y hombres danzando dabke, las lágrimas de los prisioneros se mezclan con  la sinuosidad de las palabras escritas en árabe como briznas de viento en el desierto. Se me cruza una idea extremadamente inquietante. ¿Cuántos de estos niños, en el futuro, estarán pintados en los muros?...la respuesta me inquieta. Siento el vacío que genera la respuesta…

Por Felipe Salas Aguilar, para PalestinaLibre.org

Felipe Salas Aguilar, para PalestinaLibre.org