2019 · 11 · 28

Israel vive la peor crisis constitucional de su historia por el embrollo político

Después de un bloqueo de varios días, el miércoles delegados del Likud y de Azul y Blanco volvieron a reunirse por iniciativa del presidente de la Kneset. Los delegados tienen dos semanas para formar una coalición. Mientras se realiza este último esfuerzo para evitar otros comicios, algunos analistas creen que Israel vive la peor crisis política desde el año 1948.

Los partidarios del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu participan en una protesta en su apoyo tras ser acusado de corrupción, en Tel Aviv, Israel. REUTERS / Amir Cohen

El clima político nunca ha estado en Israel tan enrarecido como estos días, al menos desde el asesinato de Yitzhak Rabin en 1995, y probablemente desde el establecimiento del estado en 1948. La polarización es enorme y espesa, y no está claro si un hipotético acuerdo in extremis que evite las terceras elecciones consecutivas podrá arreglar tan singular embrollo.

Un reciente artículo en Makor Rishon, el periódico de los colonos y pro Benjamín Netanyahu, daba cuenta de la crisis, que en algunos califican de "constitucional", proponiendo modificar el régimen político para hacerlo presidencialista. En algunos análisis de este tipo, se indica que lo más correcto es que un presidente, al estilo de Donald Trump, sea elegido directamente por los votantes y tenga sus capacidades ejecutivas.

Con eso se buscaría, entre otras cosas, evitar la crispación que genera la negociación de los pactos postelectorales en un país profundamente dividido, unos equilibrios sobre la cuerda floja que no siempre consiguen respaldar un gobierno, como ocurrió con la caída del último ejecutivo de Netanyahu a fines del año pasado, con las elecciones de abril, y con los últimos comicios de septiembre.

"La división se personaliza en la figura de Netanyahu"

Se ha de señalar, sin embargo, que la honda división que se observa tiene unos límites claros: a saber, que los programas del Likud y de Azul y Blanco no están tan alejados entre sí como algunos puedan pensar y que la división se personaliza en la figura de Netanyahu, quien suscita tantas adhesiones inquebrantables como rechazos frontales. 

El problema es que quienes son partidarios de un sistema presidencialista y arrojan esas ideas al debate político son personas del área de Netanyahu que creen que Netanyahu ganaría más o menos de calle unas elecciones directas. Pero conseguir que esa idea sea examinada y aprobada por la Kneset parece muy complicado, si no imposible. 

Y como esa solución de momento no es plausible, hay que atenerse a lo que hay. Sobre el terreno, a día de hoy, nos encontramos en una escena en la que el personaje central es Netanyahu y todo gira en torno a él. A las 4 de la tarde del miércoles, el presidente de la Kneset, Yuli Edelstein, anunció que unas horas después se reunirían sendas delegaciones del Likud y de Azul y Blanco para tratar de hallar una solución al bloqueo. 

La posición de salida es la última propuesta de Azul y Blanco en el sentido de que su líder, Benny Gantz, accedería a una gran coalición con el Likud siempre y cuando él sea el primer jefe de gobierno, y que una rotación se consume a los dos años, cuando Netanyahu le sucedería en el cargo, pero solo si consigue resolver sus problemas con la justicia por tres casos de corrupción en los que está implicado.

"Netanyahu quiere ser el primer jefe de gobierno"

Hasta ahora Netanyahu se ha resistido a esta fórmula: quiere ser el primer jefe de gobierno, de manera que los procedimientos judiciales, que, en cualquier caso, no son inminentes, se iniciarían mucho más tarde y, con un poco de suerte, le darían tiempo para persuadir a una mayoría de la Kneset a votar una ley de inmunidad cortada a su medida.

Respondiendo a preguntas de la oposición, el abogado del estado, Avichai Mandelblit, dijo el martes que Netanyahu puede seguir siendo primer ministro en funciones, y razonó que si se convocan elecciones en los próximos días, estudiará si también puede presentarse como candidato del Likud, una circunstancia que no está clara. 

El argumento que Netanyahu alega para perpetuarse en el cargo es que la democracia tiene que estar por encima de todo, insistiendo en que el pueblo debe decidir por encima de las leyes, es decir por encima de las imputaciones de cohecho, fraude y abuso de confianza. Con este argumento su entorno está bombardeando las redes sociales, las televisiones, las radios y los periódicos. 

Mandelblit dijo el martes que es "inaceptable" que él mismo y unos cuantos fiscales deban moverse con guardaespaldas. La incitación de Netanyahu contra los fiscales y la policía, "que no están por encima de la ley", ha estado en sus labios durante años, y en los últimos días ha adquirido tintes muy amenazantes que los políticos de su entorno y sus seguidores remachan una y otra vez frente a los medios de comunicación. 

"La policía, los fiscales y los jueces serían los principales representantes del "estado profundo" que gobierna el país bajo unos intereses"

Sin señalar directamente a Netanyahu, aunque todo el mundo entiende que se refiere a él, Mandelblit considera que las "amenazas" y las "mentiras" que tanto la policía como los fiscales están sufriendo a todas horas son peligrosas para el sistema. Netanyahu y sus acólitos no han parado de decir que hay que dar un vuelco al "sistema" (shita) de 1948 al que califican de no democrático. 

La policía, los fiscales y los jueces serían los principales representantes del "estado profundo" que gobierna el país y que defiende unos intereses que no son los del pueblo o los de la democracia, sino los intereses de unas élites que durante décadas han gobernado por encima del parlamento, limitando las leyes que los diputados querían aprobar, o directamente abrogándolas. 

En este contexto, no está claro lo que ocurrirá en las dos semanas que los partidos todavía tienen de margen para formar gobierno. Netanyahu no da la impresión de querer ceder, tampoco Gantz, ni tampoco Avigdor Lieberman, el líder de Israel es Nuestra Casa, un partido de extrema derecha que rechaza la desorbitada influencia de las formaciones religiosas. Cualquier milagro puede suceder en estos 14 días. En caso contrario, los israelíes serán convocados a las urnas por tercera vez consecutiva.

Fuente: Eugenio García Gascón, Público - España