2020 · 04 · 07

Gaza bajo la amenaza de la pandemia global

Las condiciones de pobreza en las que sobreviven miles de familias son un caldo de cultivo para que el virus se propague rápida y letalmente

 

Un policía hace guardia mientras los habitantes esperan fuera de un banco, en la ciudad de Gaza, el pasado 29 de marzo.  REUTERS

Según los expertos se espera que la Franja de Gaza, uno de los lugares más densamente poblados del mundo, se encuentre entre las áreas más afectadas en el mundo. Los índices de pobreza, el hacinamiento, la escasez crónica de suministros y un sistema de salud colapsado exacerbará la propagación del virus.

Hoy más que nunca la población de Gaza necesita que se ponga fin de una vez al bloqueo que Israel ejerce desde hace 13 años que ha llevado al colapso económico de este pequeño enclave costero.

La amenaza del coronavirus se cierne sobre los dos millones de personas que viven encerradas en Gaza, la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Mientras que el número de casos continúa en aumento en Israel, Egipto y Cisjordania, no fue hasta hace una semana cuando se detectaron los dos primeros casos de Covid-19 en Gaza. Siete nuevos casos se han añadido recientemente. Unas 1.400 personas que entraron hace unos días por el cruce de Rafah o Erez se encuentran recluidos en centros de cuarentena improvisados.

A pesar de que todavía el número de infectados es reducido, el virus se encuentra ya en Gaza y este era exactamente el escenario que las autoridades de la Franja han estado tratando en vano de evitar durante las pasadas semanas, aislando a las personas que regresaban a Gaza, impidiendo reuniones y cerrando escuelas. Sí en los países con recursos está resultando sumamente complicado frenar la propagación del virus ¿qué podemos esperar que ocurra en un enclave descrito por Naciones Unidas como un lugar “inhabitable” y con la peculiaridad de que está bloqueado militarmente por tierra, mar y aire?

Gaza necesita que se ponga fin de una vez al bloqueo que Israel ejerce desde hace 13 años

Gaza carece de agua potable, el 97% de sus acuíferos están contaminados y cuenta con una infraestructura de saneamiento inoperativa. A ello hay que sumar la falta de combustible para la central eléctrica de Gaza que únicamente permite suministrar a la población un máximo de 11 horas diarias de electricidad. Este pequeño enclave, presenta además uno de los porcentajes de desempleo más altos del mundo y más de la mitad de su población sobrevive gracias a los alimentos que distribuye UNRWA. Gaza presenta además una de las mayores densidades de población del mundo. La media es de 5.500 personas por kilómetro cuadrado, sin embargo, en los campos de refugiados como el de Jabalia viven más de 140.000 refugiados de Palestina en un área de 1,4 Km2, lo que equivale a unas 82.000 personas por Km2.

Este panorama sería suficiente para concluir que será imposible mantener los estándares de higiene y protección necesarios durante la propagación del virus. Sin embargo, lo anterior es solo un esbozo del problema. El sistema sanitario en Gaza es uno de los más diezmados por el bloqueo, pero también por las ofensivas israelíes de los últimos años. En el año 2014, la última ofensiva militar a gran escala, que dejó más de 2.000 muertos y más de 11.000 heridos, puso a prueba un sistema sanitario debilitado e incidió aún más en su ya precaria situación. Los hospitales de Al-Aqsa in Deir al-Balah o al-Wafa in Shujaiyyeh fueron objetivos de los ataques militares y un total de 72 instalaciones sanitarias mas resultaron destruidas o dañadas.

En los dos últimos años empezaron las denominadas “Marchas del retorno”, un movimiento de protesta pacífico contra el bloqueo y la ocupación de Palestina que demandaba el derecho al retorno de los refugiados. El ejército israelí aplicó mano dura a las protestas matando a 300 personas e hiriendo a más de 35.000. De nuevo fuimos testigos de cómo el sistema sanitario palestino no pudo hacer frente al elevado número de heridos que cada viernes ingresaban en los hospitales. Los médicos se veían obligados a dar de alta a los heridos aún no recuperados, para poder atender la llegada de nuevos casos cada semana.

Las recomendaciones básicas para combatir el Covid-19 están fuera del alcance de la población de Gaza

Muchas enfermedades no pueden ser tratadas en Gaza y cada año miles de palestinos solicitan autorización a Israel para poder ser atendidos fuera de la Franja. En el año 2018, el Centro Al Mezan para los Derechos Humanos documentó 25.658 solicitudes de permisos para buscar tratamiento médico fuera del enclave. Sin embargo, las autoridades israelíes retrasaron o rechazaron aproximadamente el 38% de estas.

Las restricciones israelíes también limitan la capacitación médica, lo que ha repercutido negativamente en muchas especialidades médicas en Gaza y dejado obsoleto el conocimiento del personal de laboratorio.

Un panorama particularmente siniestro si tenemos en cuenta además que en toda la Franja de Gaza solo se cuenta con 2.895 camas de hospital (1,3 camas por cada mil personas) 60 camas en las unidades de cuidados intensivos y 62 respiradores. Hay escasez de personal especializado en las UCIS. La infraestructura del laboratorio requiere urgentemente una actualización para cumplir con los estrictos estándares de seguridad. El 48% de los medicamentos esenciales están fuera de stock, no cuenta con kits de protección para personal sanitario y otros suministros esenciales para la prevención y el control de infecciones; los productos desechables y medicamentos para el tratamiento de dificultad respiratoria escasean; faltan monitores de cardio, máquinas de rayos X, ni qué decir de los kits para realizar las pruebas de Covid-19. Y lo peor, se parte de todas estas carencias antes de que se haya propagado la epidemia.

Las recomendaciones básicas para combatir el Covid-19 que estamos cumpliendo en el resto del mundo, como lavarse las manos, usar mascarillas protectoras, quedarse en casa o comunicarse con los médicos telemáticamente, están fuera del alcance de la población de Gaza. En esta realidad inhabitable, las condiciones de pobreza en las que sobreviven miles de familias son un caldo de cultivo para que el virus se propague rápida y letalmente. Es por ello por lo que el Ministerio de Salud de Gaza está pidiendo a la comunidad internacional que obligue a Israel a eliminar el bloqueo y se permita así la entrada del equipamiento y personal sanitario necesarios, al igual que la ayuda para restablecer todos los servicios básicos.

En este momento, cuando las personas en países más privilegiados estamos levemente sintiendo lo que es una vida en confinamiento, separados de nuestros seres queridos, inseguras sobre si podremos cubrir nuestras necesidades básicas y preocupadas por nuestro futuro, es imperativo pensar en lugares como Gaza, donde las personas han estado sometidas a un sufrimiento inenarrable durante décadas, y corren el riesgo de un golpe mucho más devastador ahora que la pandemia ha llegado a sus costas. Dicho esto, no hay que olvidar que la verdadera justicia para Gaza no puede resolverse sólo con ayuda humanitaria, a pesar ahora de su urgencia.

Sobre el autor: Raquel Martí es directora ejecutiva de UNRWA España. 

Fuente: Raquel Martí, Diario El País, España