2020 · 04 · 27

Una historia de un niño de Gaza bajo bloqueo militar

Es la desesperanza en la cárcel de 2 millones de habitantes, donde nadie ni nada se mueve sin la arbitraria autorización israelí

 

Me asfixio, me ahogo, transpiro, duermo poco, quizás tres, cuatro horas por días, tengo pesadillas, el estómago se me cierra, me duele, me duele mi existencia, me duele mi pueblo.

Perdón, déjenme presentarme, me llamo Abdo, tengo 16 años y nací en Gaza.

Mi padre, era profesor en la escuela perteneciente a la ONU al norte de la Franja de Gaza, en el campamento de refugiados en Jabalia, la escuela Al-Fakhura, en un ataque militar israelí, injustificado, el 6 de enero de 2009 cayó el proyectil, que mato más de cuarenta civiles, entre ellos niños, mujeres y por supuesto mi padre, hombre de principios, culto, sostén de la familia.

Refiriéndome a la familia, tengo dos hermanas menores de 9 y 11 años, Aisha y Nazli, nunca pudieron asistir al colegio y se dedican a ayudar en la casa a mi madre Suhaila y mi abuelo paterno que sufre de cáncer hepático y se encuentra postrado en una situación bastante triste desde hace casi tres años, al cáncer se le suma una fuerte depresión cuando dejó su oficio que ya venía arrastrando desde la perdida de su hijo, no me gusta verlo así, sufre mucho, por las dolencias y por no poder proveer el pan a nuestra casa.

Luego de la tragedia yo dejé los estudios y con eso la ilusión de llegar a poder hacer una carrera universitaria para conseguir un buen empleo y poder tener un mejor futuro para mi familia y así poder comer todos los días, brindarle a mi madre lo que realmente merece después de tanto dolor y angustia, ella no lo dice, pero después de tantas años que mi padre nos dejó, ella llora por las noches antes de dormir, fue una relación de mucho amor mutuo y ternura, estaban juntos desde la adolescencia.

Desde que falleció mi padre, me dedico a recoger plásticos en los basurales para venderlos a recicladores que pagan muy poco pero me las voy arreglando como para poder llevar un poco de dinero a casa. Intente varias veces hacerme pescador como era el Abuelo Hassan en su juventud, cuando era más pequeño solía acompañarlo en su bote y me enseño algunos secretos de como ser un buen pescador, pero el bloqueo de Israel no nos permite salir a pescar, sus buques de guerra apuntan hacia nosotros y muchas veces disparan, solo se pesca a escasas millas de nuestra costa.

De mi padre quedaron sus libros, que son un refugio para mi por las noches, los pocos conocimientos que poseo salen de ahí, libros de historia, de medicina, de matemáticas, que trato de aprenderme bien y autodidácticamente para enseñarles a mis hermanas a leer, a escribir, a soñar, pero también me dejo llevar por sus novelas, en ese momento viajo por todas partes, tengo aventuras de todo tipo, soy feliz. Me gusta leerles a mis hermanas antes de que duerman, es un modo de dejarles algo lindo con que soñar.

Por mi parte, mis horas de sueños pocas veces son de descanso, tengo pesadillas en las cuales vuelvo a sentir los estruendos de las bombas, el olor a carne humana quemada, veo las partes de los cuerpos victimas de explosiones que me acechan, vuelvo a encontrarme con mis amigos Naguib y Omar, muertos en un ataque militar en la playa durante la guerra, jugábamos al futbol mientras sucedió, las bombas detonaron muy cerca de ellos mientras mi primo Ashraf y yo estábamos un poco más alejados.

No hay paz y no sé por cuanto pueda seguir todo esto, es duro vivir con miedo, quisiera desaparecer, estamos sometidos al prolongado y cruel bloqueo militar, nos arruinan económicamente, impiden la llegada de ayuda humanitaria, llevan a la población al extremo de la locura, a veces reflexiono y pienso, esta desesperanza solo facilita la opción de las armas, estamos al borde de la pesimismo, muchos con sed de venganza, con su familias muertas, sin tener para alimentar a sus hijos, es muy asfixiante. Nuestros políticos, lideres de organizaciones de resistencias y de más, vienen, hablan con la gente, anotan las necesidades, piden nuestros datos, luego desaparecen y no volvemos a verlos.

Nadie, ninguna persona, ningún niño merece esto, pero por lo visto mucha gente piensa lo contrario, y el mundo está mal informado, acá hay buena gente, honesta, hay artistas, hay soñadores. Mi mayor deseo es que mis hermanas salgan adelante, que puedan tener un futuro mejor, el mío ya está arruinado. Queremos paz, queremos estudiar, trabajar, pensar, queremos ser libres.

Me levanto a las 5 de la mañana, no hago mucho ruido para nos despertar a Aisha y Nazli, me preparo un té y salgo en busca de los plásticos. El sol es muy duro y mi piel, aunque ya esta curtida y reseca sigue lastimándose, de vez en cuando me duele. Por la tarde al finalizar la jornada cerca de las 4 de la tarde voy a la playa y me meto al mar, ese mar inagotable y trato de no pensar en todos los problemas que tengo, tampoco pienso en el futuro tan incierto y  nada prometedor que me espera, no siento miedo, no me duele el sol, en ese momento me siento libre.

 

 

Enviado a PalestinaLibre.org por Gabriel Lorenzini