2020 · 09 · 22 • Rebelion.org

Derrotar Oslo, hacer frente a la normalización e intensificar el boicot

Durante 27 años la devastación causada por los Acuerdos de Oslo ha provocado la desarticulación del movimiento de liberación nacional palestino y de sus sindicatos e instituciones; la degradación de los refugiados palestinos en los campos, en la diáspora y el exilio, e intentos continuos de confiscar su voz y su capacidad de decisión; la creación de una Autoridad Palestina sometida a las exigencias estadounidenses, europeas e israelíes, y que encarcela y reprime la resistencia palestina; la expansión generalizada de las colonias de asentamiento y del robo de tierra en toda la Cisjordania ocupada; y el sometimiento de la economía palestina a la ocupación israelí. Desde la firma de los Acuerdos de Oslo se ha cuadruplicado la cantidad de colonos ilegales israelíes en la ocupada Cisjordania palestina, al tiempo que se ha emprendido guerra tras guerra contra el invicto y resistente pueblo palestino de la asediada Gaza.

Firma de los Acuerdos de Oslo, Casa Blanca, EE.UU, 1993.

En el vigésimo séptimo aniversario de la firma de la Declaración de Principios (los llamados Acuerdos de Oslo) en Washington, D.C., la Red de Solidaridad con los Presos Palestinos Samidoun pone de relieve que la lucha para poner fin definitivamente al camino emprendido por los Acuerdos de Oslo es posiblemente más crítica que nunca. El acuerdo firmado en los jardines de la Casa Blanca y el famoso apretón de manos entre Yitzhak Rabin y Yasser Arafat se anunció engañosamente como una promesa de paz y esperanza para el pueblo palestino (dos cosas que se le han negado durante décadas), aunque en realidad era un programa para seguir con la colonización e intensificarla, y para acabar con la lucha de liberación palestina. El objetivo de todo el proyecto de Oslo siempre fue intensificar la represión, la división y la fragmentación del pueblo palestino, e imponer al mismo tiempo un marco de “seguridad” palestino al pueblo palestino que luchaba por sus derechos, por su retorno y por la liberación.

27 años de devastación de Oslo

Durante 27 años la devastación causada por los Acuerdos de Oslo ha provocado la desarticulación del movimiento de liberación nacional palestino y de sus sindicatos e instituciones; la degradación de los refugiados palestinos en los campos, en la diáspora y el exilio, e intentos continuos de confiscar su voz y su capacidad de decisión; la creación de una Autoridad Palestina sometida a las exigencias estadounidenses, europeas e israelíes, y que encarcela y reprime la resistencia palestina; la expansión generalizada de las colonias de asentamiento y del robo de tierra en toda la Cisjordania ocupada; y el sometimiento de la economía palestina a la ocupación israelí. Desde la firma de los Acuerdos de Oslo se ha cuadruplicado la cantidad de colonos ilegales israelíes en la ocupada Cisjordania palestina, al tiempo que se ha emprendido guerra tras guerra contra el invicto y resistente pueblo palestino de la asediada Gaza.

Miles de vidas palestinas se han segado en el camino a Oslo al tiempo que se han distorsionado, secuestrado y comprometido los marcos políticos de la lucha palestina. Mientras que los palestinos que viven dentro de la Palestina ocupada en 1948 siguen afirmando su identidad y existencia, y organizándose para la liberación, la dirigencia palestina oficial de la Autoridad Palestina, en cambio, “reconoció” a Israel, la creación de la Nakba y un proyecto de asentamiento colonial sionista en el 78 % de Palestina.

Ataques al derecho al retorno de los refugiados palestinos

Las personas refugiadas palestinas que viven en los campos y que están exiliadas en la diáspora siguen conservando las llaves de sus hogares para retornar a sus pueblos natales en Palestina, a pesar de los más de 72 años de exilio, mientras que la dirigencia oficial palestina dominada por la Autoridad Palestina desmantelaba tanto los sindicatos y estructuras colectivas creadas para representar a las personas refugiadas palestinas, como aquellos que representan a las mujeres, a las personas trabajadoras, estudiantes, artistas y a muchos otros sectores de la sociedad palestina. Los defensores de los Acuerdos de Oslo trataron el derecho de las personas refugiadas palestinas a retornar como un tema que había que “negociar” en vez de como un derecho inalienable.

En vez de contar con una vía hacia la autodeterminación o la soberanía, el pueblo palestino tiene menos soberanía que nunca, a pesar de la existencia de la Autoridad Palestina. En efecto, probablemente la Autoridad Palestina se parezca más a la llamada “entidad palestina” sobre la que en muchas ocasiones alertaron los revolucionarios palestinos que conformaron el movimiento de liberación palestino moderno. En 1972 el Frente Popular para la Liberación de Palestina publicó el documento “Las tareas de la nueva etapa” (“Tasks of the New Stage”) en el que se abordaba la amenaza potencial de una falsa “entidad estatal palestina”:

“Íntimamente relacionado con todo esto hay otra batalla política a la que se enfrenta el movimiento de resistencia palestina y que es un problema más grave ahora de lo que lo era antes de septiembre, esto es, el llamado Estado Palestino. La nueva situación y la debilidad de la resistencia han creado unas condiciones adecuadas para reflexionar sobre una solución a la causa del pueblo palestino. Esta solución será la creación de una estructura política palestina que acabe (históricamente hablando) con todo el problema palestino y con todas las dificultades que ha supuesto y sigue suponiendo al imperialismo y sus intereses […]; los intereses estadounidenses en este problema son el resultado […] del miedo a que “elementos extremos” exploten los sentimientos del pueblo palestino respecto a la búsqueda de una patria. Así pues, la política estadounidense reconoció al pueblo palestino no para solucionar su problema sino para abortar su causa. Eligió este momento preciso no solo porque algunos de los líderes tradicionales palestinos han empezado a moverse abiertamente hacia soluciones dudosas […]. Todo ello, por tanto, son eslabones en la cadena de liquidación de la causa palestina, que se llevará a cabo por medio de la creación de una entidad dudosa que esté dominada al mismo tiempo por Israel, la reacción y el imperialismo. Se pretende que esta entidad sea un instrumento para imponer la dominación explotadora extranjera en la zona árabe”.

Cortar el camino a la libertad

La vía de Oslo, una vía fomentada por los grandes capitalistas palestinos y por sus aliados y agentes en la dirigencia palestina, vino a cortar el camino de la lucha del pueblo palestino: la gran Intifada, que tuvo lugar en la Palestina ocupada. Los palestinos estaban organizando sus comunidades, reestructurando su economía y luchando por la libertad. La Intifada no se limitó a Cisjordania, Jerusalén y Gaza, sino que, de hecho, incluso había roto el asedio a los campos de refugiados en Líbano. Con todo, los grandes capitalistas vieron una oportunidad de cerrar el acuerdo que durante mucho tiempo habían tratado de cerrar con Estados Unidos y su proyecto sionista cliente en Palestina en un intento de proporcionar un espacio para la banca, el capital y el beneficio mutuo, y confiscar los logros del pueblo.

Oslo en el contexto árabe e internacional

Por supuesto, no se puede dejar de lado el contexto internacional. El año 1993 y los que le precedieron en la vía de negociaciones, desde Madrid a Oslo y Washington D.C., también fueron los años del desmantelamiento y destrucción del bloque de Este y de la Unión Soviética, y de la proclamación triunfal del “final de la historia”, de la eterna victoria capitalista y de la hegemonía estadounidense en el mundo.

En el contexto árabe, primero la guerra irano-iraquí y después la primera Guerra del Golfo ahondaron e intensificaron los ataques imperialistas en la zona, y pusieron de relieve el papel de los regímenes árabes reaccionarios que operaban confabulados con Estados Unidos para devastar Irán y a continuación devastar y sancionar a Irak. Fue en ese periodo cuando se desarrolló y dio forma al proyecto de sanciones que se sigue utilizando en toda la zona (y en todo el mundo) para adoptar medidas drásticas contra cualquier resistencia significativa al imperialismo. Aunque la Intifada palestina representaba otro rumbo, la asimétrica relación de fuerzas internacional presionó más que nunca para complacer al imperialismo, el sionismo y a la reacción, y hacerles concesiones.

La creación de la Autoridad Palestina no supuso un logro para la lucha de liberación palestina, sino, bien al contrario, su traición, puesto que ponía en peligro las cuestiones clave del retorno palestino y de la liberación de Palestina desde el río [Jordán] hasta el mar [Mediterráneo] que desde un primer momento habían sido su objetivo. Y Autoridad Palestina y la vía de Oslo (desde la Conferencia de Madrid de 1991 y más allá), hombro con hombro con el régimen de Camp David en Egipto, abrieron de par en par las puertas a la normalización con la ocupación israelí, incluso mientras esta seguía con sus crímenes y los redoblaba.

En 1992 algunas empresas israelíes empezaron a operar en Cuba, Vietnam estableció relaciones diplomáticas con Israel en 1993, por no mencionar el Acuerdo de Wadi Araba del régimen jordano en 1994. Una vez que se logró que la OLP “reconociera a Israel”, la normalización con el proyecto de asentamiento colonial no solo parecía lícito sino que se fomentaba, a pesar de asediar aún más al pueblo palestino.

Oslo: un fracaso para el pueblo palestino, un éxito para el sionismo y el imperialismo

27 años después se reconoce de forma generalizada el fracaso de Oslo. Aunque Oslo ha supuesto un fracaso para el pueblo palestino, en muchos sentidos ha sido un rotundo éxito tanto para el Estado israelí, el movimiento sionista y su patrocinador imperialista estadounidense, como para sus aliados en los regímenes reaccionarios árabes, en Europa y otros lugares. El llamado “Acuerdo del Siglo” forma parte de la vía de Oslo, de las constantes represión del pueblo palestino y confiscación de sus derechos bajo el disfraz de una leve capa de la oficialidad.

Los Emiratos Árabes Unidos afirmaron “beneficiar” al pueblo palestino con su acuerdo, a pesar de la unanimidad del rechazo por parte de este, de la resistencia palestina e incluso de altos cargos palestinos. Baréin, que previamente había sido el anfitrión de una conferencia de normalización económica rechazada de forma generalizada, ni siquiera se molestó en hacer esa afirmación. Por supuesto, hay que indicar que las élites dirigentes de esos Estados del Golfo no representan a su pueblo y que Baréin en particular tiene una rica historia de resistencia, de lucha antiimperialista y de lucha por Palestina, todo lo cual ha sido brutalmente reprimido por el mismo régimen reaccionario que está comprometido con el proyecto de normalización.

Hacer frente hoy a la normalización

La ruta para hacer frente a la normalización debe empezar por cortar completamente la vía de Oslo y la vía del “reconocimiento” oficial palestino del proyecto sionista de asentamiento colonial dentro de la Palestina ocupada, el Estado israelí. Para vencer la “división” dentro del movimiento palestino y reafirmar el proyecto palestino de autodeterminación, soberanía, retorno y liberación del río al mar, se debe rechazar firme y radicalmente toda la vía de Oslo y todas las ilusiones que lleva parejas de llegar a un acuerdo con el imperialismo y el sionismo, y de consagración del capitalismo.

La vía de Oslo ha traicionado y dejado atrás a los presos palestinos, lo mismo que al pueblo palestino en su conjunto y especialmente a las personas refugiadas. Una vez que la vía de Oslo se promocionó como una vía hacia la liberación de los presos palestinos, los Acuerdos de Oslo permitieron, en cambio, utilizar a los presos palestinos como moneda de cambio en un intento de sacar aun más concesiones a los altos cargos palestinos.

Los presos palestinos, traicionados por Oslo

Decenas de presos palestinos encarcelado antes de los Acuerdos de Oslo siguen en cárceles israelíes, ya que las fueras de ocupación se negaron a reconocer a los presos palestinos de la Palestina ocupada en 1948 e incumplieron una y otra vez los acuerdos referentes a su liberación. Mientras tanto, la Autoridad Palestina trató de convertir la lucha de los presos y el movimiento a su favor en un expediente ministerial, una preocupación social y un tema para llevar a las “negociaciones del estatus final” junto con los principios básicos del pueblo palestino: la liberación de Jerusalén y el retorno de las personas refugiadas a sus hogares y a sus tierras.

Por supuesto, este no fue el único resultado concerniente a los presos de los Acuerdos de Oslo. Una parte fundamental de estos Acuerdos es la «coordinación de seguridad» de la Autoridad Palestina con la ocupación israelí. Esta “coordinación de seguridad” ha minado la resistencia y la solidaridad social del movimiento palestino, ha perseguido y reprimido a la resistencia palestina y ha establecido unas “puertas giratorias” de encarcelamiento y detención política entre las prisiones de la Autoridad Palestina e Israel. Ha afianzado a la Autoridad Palestina como subcontratista de seguridad de la ocupación israelí adiestrado por Estados Unidos con el apoyo europeo y británico.

El caso de Ahmad Sa’adat

Quizá ningún caso representa tan claramente el peligroso papel que desempeña la coordinación de seguridad como el de Ahmad Sa’adat, el encarcelado Secretario General del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). Tras el asesinato del ministro israelí de Turismo y declarado militante de derecha y racista Rehavam Zeevi (en respuesta al asesinato del entonces Secretario General del FPLP Abu Ali Mustafa con un misil de fabricación estadounidense lanzado desde un helicóptero por Israel) las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina detuvieron a Sa’adat y sus compañeros en 2002 y los encarcelaron en la Muqata (palacio presidencial) de Arafat, que entonces se encontraba asediada por las fuerzas israelíes. Tras unos juicios militares rápidos, fueron encarcelados en la cárcel de Jericó de la Autoridad Palestina bajo la custodia de guardias estadounidenses y británicos (algunos de los cuales también habían servido como guardias de los prisioneros republicanos irlandeses en el norte de Irlanda).

Permanecieron encarcelados cuatro años como presos políticos en la cárcel de Jericó hasta que fueron capturados por el ejército israelí después de que este atacara y demoliera parcialmente la cárcel en 2006 y matara a dos guardias palestinos. Los guardias estadounidenses y británicos se habían alejado previamente para dejar vía libre al ejército israelí. El ataque se produjo después de que las elecciones al Consejo Legislativo Palestino (el Parlamento palestino, que se había establecido tras los acuerdos de Oslo como parte de la Autoridad Palestina) dieran la victoria a candidatos y bloques que apoyaban la resistencia y se comprometían a liberar a los presos políticos, una forma de soberanía y autodeterminación no permitida. A día de hoy Sa’adat y sus compañeros continúan presos en cárceles israelíes y siguen su lucha por la liberación. Aunque el pueblo palestino rechazó la colaboración, Oslo significaba que esta se convertía en un principio rector de la propia existencia de la Autoridad Palestina.

Oslo y la represión política e internacional

La represión política de los palestinos fuera de Palestina también está íntimamente vinculada a Oslo. El presidente de Estados Unidos Bill Clinton emitió en enero de 1995 una orden ejecutiva que califica de “terroristas” a las organizaciones de la resistencia palestina y libanesa que rechazaron Oslo, y afirmaba que “amenazan con perturbar el proceso de paz en el Oriente Próximo”. Poco tiempo después le siguió la Ley Antiterrorista y de Pena de Muerte Efectiva de 1996 (Antiterrorism and Effective Death Penalty Act), que creaba la legislación de “apoyo material” utilizada para perseguir judicialmente a personas palestinas en Estados Unidos. La Ley Patriótica de Estados Unidos (USA Patriot Act) y toda la legislación represiva aprobada tras el 11 de septiembre de 2001 vinieron a reforzar esta situación y se utilizó para perseguir a los presos políticos palestinos, como ocurrió con los cinco de la Holy Land Foundation.

Después de 2001 Estados Unidos impuso por todo el mundo aquellas listas, calificaciones y legislación “terrorista”, y Canadá, la Unión Europea, Gran Bretaña y otras partes del mundo lo adoptaron bajo diferentes formas. Por supuesto, las potencias imperialistas nunca habían dejado de perseguir a los palestinos, pero la legislación “antiterrorista” que se impuso después de Oslo institucionalizó aún más esta persecución, al tiempo que criminalizaba y calificaba específicamente de “terrorista” el rechazo del proyecto de Oslo.

Tampoco se pueden ignorar los aspectos económicos de los Acuerdos Oslo, los cuales iban acompañados de corolarios, como el Protocolo de París, que subordinó aun más estrechamente la economía palestina bajo ocupación a la colonización y al control israelíes. Los palestinos que viven dentro de la Palestina ocupada están atados por la fuerza al mercado israelí y se les imponen fuertes restricciones para un desarrollo económico independiente. Al mismo tiempo se utilizaron proyectos de ayuda coercitivos y hegemónicos para sustituir el desarrollo, unos proyectos que están supeditados a unas “condiciones” cada vez amplias, como la última imposición por parte de la Unión Europea a las ONG palestinas de la «financiación condicionada», con lo que se controla y somete la expresión y el desarrollo político palestino. Aunque la vasta mayoría de la población palestina ha sufrido bajo los Acuerdos de Oslo, un reducido sector de agentes de la Autoridad Palestina (y, por lo tanto, la ocupación y el imperialismo) se han beneficiado en su condición de “clase o sector de Oslo”.

¡Poner fin a la vía de Oslo, caminar hacia la liberación!

El pueblo palestino sigue resistiendo a la colonización, la ocupación y la opresión en todas sus formas, y sigue estando en primera línea contra el imperialismo a pesar de los efectos devastadores y del gran peso del proyecto de Oslo. En su 27 aniversario el proyecto de Oslo sigue siendo el marco general para la división y el control imperialista y sionista de Palestina, y la vía hacia la normalización de los regímenes árabes reaccionarios. Para caminar hacia la libertad de los presos palestinos, el retorno de los refugiados palestinos y la liberación de Palestina desde el río hasta el mar hay que abolir y rechazar firmemente el proyecto de Oslo.

Esta es hoy la tarea fundamental del movimiento de liberación palestino, pero el pueblo palestino no está solo en esta tarea. Es fundamental intensificar en todo el mundo la campaña de boicot a los productos y a las instituciones culturales y académicas israelíes, y a las empresas cómplices de Israel, y luchar contra el reconocimiento y la normalización del racista proyecto de asentamiento colonial en la Palestina ocupada. El boicot a Israel es la antítesis del proyecto de Oslo.

Por otra parte, el imperialismo es quien ha impulsado este marco. Resistir al imperialismo, incluidas las sanciones que impone a las naciones de la zona que rechazan la normalización, es fundamental para apoyar a Palestina y su pueblo.

Los presos palestinos, los refugiados palestinos y las clases populares palestinas están todos ellos excluidos del marco de Oslo. En cambio, son las fuerzas que han dirigido y siguen dirigiendo el movimiento de liberación palestino y que guían nuestra organización y nuestra lucha por la liberación de Palestina. Invitamos a todos a unirse a nosotros en los Días de Acción por el Retorno Palestino y los Derechos de los Refugiados del 18 al 26 de septiembre, y a luchar para hacer frente a la normalización con activismo y con organización por la liberación.

Original en inglés: https://samidoun.net/2020/09/down-with-oslo/

Traducción: Beatriz Morales Bastos en Rebelion.org

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

Párrafo introductorio: Jaldía Abubakra en Facebook

Foto Principal: Vince Musi / The White House

 

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